Nada que ver con Culiacán

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Pos ora entre semana decidimos cruzar la border y “medirle el agua a los tamales”, como endicen, porque son tantas cosas que se cuentan por ahí, que la raza ya le tiene pavor hacer largas colas de dos horas, con tal de ir a comer una Whataburger.

Pero cuando tienes otras necesidades reales, como por ejemplo, se te acabaron los sobrecitos de Clight de sabores, un foco ahorrador de energía, dos rollos de papel Bounty pa’ la kitchen o hasta ir por cinco aguacates, porque los venden a dólar y esas ofertas no las tiene ni HEB por la avenida Hidalgo.

Es entonces que sientes la angustia de “me tengo que ir tempra” y te alistas levantándote a las cinco de la madrugation, cómo que exagero brody, pero si no llego antes de la seven o’ clock como que agúantate porque es miércoles de pulga.

Así que entre los regaños de la Rosa María quesque soy un bañado, pero sí me bañé la mera verda’ pa’ ir bien clean y que los gringos de la aduana no me hagan el feo, pos estos. Ella refunfuñaba, porque todavía ni pardeaba la mañanita, ni el gallo del vecino se echaba su cantadita, cuando nos enfilamos hacia el puente internacional Hidalgo, ya persignados, no vaya a ser que te asalten por ahí.

Cómo son de exagerados, si la bronca está en Culiacán, pero no quiero hablar sobre el hijo de “El Chapo”, ya todos dieron su opinión, quesque la regó “El Peje”, lo que pasa es que se dieron cuenta que la regaron y se ventilaba una matazón de aquellas que iba a poner a México como uno de los países más inseguros del mundo. Y nosotros no somos no estamos en Bagdad, ¿o sí?

Volviendo al tema, como que cuando le aceleras a tus patas a esas horas pa’ que avancen enjudiosas, como que tu cerebro lo que quiere es una pestañita, o sea seguir en los brazos de Morfeo.

Cuando por fin llegas a las puertas de la aduana, que ya te separan como cuando le quitas las piedras a los frijoles bayos, bien gacho porque no eres american citizen, te cuestiona uno de los jefes:

-¿Y usté a dónde va?
-Pos aquí al otro lado-, le endije moviendo mi sombrero de paja como con vergüenza.

-Qué casualidad. ¿Y trae munchos dólares? A ver enséñeme su cartera.
Es entonces que te quieres quejar con la ONU porque te ven prietito y luego luego se lanzan a la yugular.

-Aquí en la casa de cambio voy a comprar dólares, amigo.
-No soy su amigo-, me contesta muy gacho. ¿No sabe que yo soy LA LEY?

-Okey-, le respondo. Y empienzo, mejor cállate no vaya a ser que te quiten la visa.
En ese momento no sabes si sonreír o llorar, porque cualquier cosa puede ser usada en tu contra.

-Es que aquí sale que usted fue a Houston y no regresó su papel de internación.
-Pos es que dura seis meses señor.

-Tiene que regresar el permiso, si no lo trae le voy a poner un aviso y le podemos quitar su visa.

Es cuando piensas, de verdad estos gringos creen que muero por cruzar al otro lado. ¿No saben que también tenemos HEB y pulgas como La Jarachina, que no le pide nada a la de Hidalgo? Que las hamburguesas “cristianas” de la avenida El Maestro y Las Fuentes, no le piden nada a sus Whataburguers? Claro, no tenemos su aritos de cebolla deliciosos con su catsup spice.

Que no ven estos güeros que su economía se mantiene de nosotros, que cada semana, si no es todos los días, vamos a comprar hasta los chiles jalapeños y tortillas de harina de HEB.

Luego no se quejen de que no les funcionó el bingo que van a abrir, ahí cercas de la Whataburguer.

Pero como no hay nada que hacer en Hidalgo más que ir a la pulga y a la tienda de los chinos, pos ya sabrán porqué andamos bien requete preocupados.

Mientras tanto, sigamos hablando de la inseguridad que hay en Culiacán, allá si que está bien canija.

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