No tengo ninguna razón para oponerme a un movimiento a favor de los derechos de las minorías clasificadas por sus orientaciones sexuales. La naturaleza es más contundente que Dios en ese tema, y, sin embargo, más comprensiva: ella nos da la opción de reorganizar al “enjambre” o extinguirnos; Él nos ofrece un VTP al Infierno.
Considerando su ingenio para replantearse, la especie humana es muy limitada en su sexualidad ortodoxa: sólo tiene dos géneros. Entre esos extremos se desplazan variables que acaban definiéndose a sí mismas por comparación con esa dualidad básica y necesaria para la especie, macho y hembra. Aunque esas variables puedan ser cuestionadas en cuanto a su funcionalidad para la existencia (excesiva ya) de la raza humana, nadie tiene derecho a negarle a cualquiera la decisión de reinventarse de la manera que se le pegue la gana. La única limitación debería ser que, si bien tienen derecho a exponer públicamente las razones de su decisión y vivir en función de ella, no tienen ningún derecho de imponerla como norma.
En esto, la heterosexualidad (la sexualidad convencional) lleva una ventaja de siglos, y eventualmente abusa de la convención (incluso, mañosamente, en nombre de Dios) y de las cacareadas “leyes de la Naturaleza”, las que, se ha visto también durante siglos, son las piñatas favoritas de la humanidad (las apaleamos para sacarles los dulces, devorarlos, y quedarnos con el palo en la mano, sin dulces y sin piñata). La polución, la deforestación, la inversión térmica, son buenos ejemplos…. Y no metamos a “las leyes Dios” en esto, ninguna religión, ninguna, es vocera oficial de Dios ni puede demostrarlo (los libros “sagrados” los escribieron y sacralizaron los humanos, no Dios).
Y bueno, ya aporreada la piñata y agotados los dulces, y con el palo en la mano, es fácil ir contra lo que sea. Y los movimientos a favor de las minorías, los movimientos a favor de la ecología, los movimientos a favor de cualquier derecho humano, por ejemplo, están ahí, listos para ser apaleados. Y lo han sido y siguen siéndolo sistemáticamente. Y somos tan omisos en el tema que incluso un género tan fundamental como el femenino se ve como a una minoría cuando no lo es.
Tan ofuscados estamos que cuando un pintor (sediciente él) pinta a un mestizo nalgón y entaconado/armado encima de un caballo muy “gustoso”, nos ponen en el momento oportuno para armar una invectiva, muy, muy mediática, contra las comunidades LGTB… y etcétera. Pero a su vez, algunos colectivos se montan en ancas con el jinete para hacer lo propio en sentido contrario. Y mientras los pobres “hetero” y “homo” andan de Herodes a Pilatos para asumir su sexualidad y/o erotismo, suben los bonos del pintor de marras y se radicaliza un enfrentamiento de posturas sin propuestas de diálogo.
Yo no sé, nadie sabe, ni sus biznietos, tataranietos o choznos saben, si a don Emiliano Zapata se le ocurrió experimentar otras formas para su erotismo. Los que lo prefieren héroe macho, mujeriego y matón, es evidente que no entendieron por qué luchaba, ni asumieron su ideario (que tampoco era tan propio, habría que revisar las ideas de don Antonio Díaz Soto y Gama). Que don Emiliano haya sido caballerango de “Nachito” de la Torre y Mier, no significa (perdonando el retablo lingüístico) que fuera su “mayate”. Y si lo hubiese sido, ¿qué?, es obvio que no demeritó la lucha del caudillo que incluso enfrentó al “apóstol” Madero por no cumplir con el propósito de la revolución. Es decir… (otro retablo), eso importaría una chingada.
El caso es que, en el momento menos oportuno, dos grupos, antagónicos y con tufo a oportunismo, se ponen a jalarse los respectivos chongos (divas unos, divas otros). Sí, Zapata fue un héroe de la patria; y muchos como él en su tiempo, después y antes. Pero un héroe no es nada más que una persona con una convicción sólida que hace lo que tiene qué hacer en el momento que debe hacerlo. Los muertos no son héroes porque ya no pueden hacer nada. Zapata, y creo que todos los héroes revolucionarios, no lucharon para que los hombres usáramos medias y las mujeres suspensorios. La discusión hoy es ridícula, y la pintura de “la discordia” creo que también. Aquellos héroes no son ya sino piedra y leyendas. Los héroes vivos caminan hoy en las calles.
En la base jodida de la sociedad mexicana, la mayoría de las familias toleran y aman a un hijo narco o maricón, y a una hija machorra o abortista. Si no comparten, aceptan; cambian sus hábitos para tolerar lo que sea y mantener unida a la familia. La radicalización, me temo, llega de afuera. No discuten, porque toda discusión entre posturas irreconciliables llega a los gritos, y de ahí en adelante sólo puede ponerse peor. Y menos van a discutir por un jinete nalgón que ni siquiera es Zapata sino un adefesio grotesco que imaginó un pintor.


