Si un joven desea llegar a ser un gran narrador del futbol, debe leer estas palabras de Víctor Hugo Morales, que contienen en sentido totalmente didáctico
“Deben ser pocos los días de vida en que no agradezco a Dios haber estado ahí”, me dijo hace tiempo Víctor Hugo Morales, el autor de la icónica narración del gol de Diego Armando Maradona, el mejor de todos los tiempos, anotado a Inglaterra en el Mundial de México 86.
El 22 de junio se cumplieron 40 años de aquel partido que marcó un antes y después en la historia del futbol. Era el minuto 55 y más 110 mil aficionados estaban a punto de presenciar la obra de arte, el momento en que Diego dejaba de ser un mortal, para alcanzar el estatus de un Dios del futbol.
“La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 – Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2-Inglaterra 0”, así narró Víctor Hugo.
El periodista uruguayo comparte lo que sintió después de haber dicho aquellas palabras.
“Cuando termino de relatar el gol, me quedó preocupado, me parecía que había disparatado mucho, no lo sabía bien lo que había dicho, pero sí que estaba con un golpe de emoción violento, ese que a veces se da en las grandes rabietas que podemos tener en nuestras vidas, que parece que la mente se nos nubla, parece que se nos queda en blanco, yo sentí algo por el estilo, aquel…el puño apretado, la locura del hablar, y todo lo que hablé, cuando termino de relatar, quedó muy impactado, me asusto, tanto es así, que si usted escucha la grabación del partido, en un par de ocasiones, en dos o tres veces, pido disculpas”, explica.
El momento que marcó su vida, como pasa muchas, vino antecedido de una gran angustia, pues en el primer gol, el de la Mano de Dios, él había dicho que Diego lo había anotado con la mano. Momentos después pensó haberse equivocado.
“De pronto empiezo a atender una repetición, y digo, no, “el gol fue con la mano”, me afirmo con la convicción de que el gol fue con la mano, pero estuve unos minutos con la angustia de pensar, de que lo más grande que le estaba pasando a la Argentina, todavía no había ocurrido el segundo gol, yo lo había relatado mal, imagínese la sensación de fracaso y de frustración que eso significaba para mí”, evoca.
Aunque pareciera que aquellas palabras surgieron de un momento de inspiración, en realidad habían sido el resultado de años de preparación de Víctor Hugo, de una pasión por la lectura.
“(Surgió) de la lectura, yo soy un lector apasionado, soy lector de Rulfo, de Octavio, de Fuentes, de García Márquez, de Donoso, de Onetti, de Benedetti, he leído mucho”, expresa.
“Todo es de Diego, lo que Diego toca, brilla de una manera especial, y la verdad es que Diego también tocó mi vida con su varita mágica”, suspira Víctor Hugo.


