El tendajo de los bisabuelos

Últimas Noticias

Higueras, N.L.-
Don José María y doña Josefa González, cariñosamente llamados “papá Ía” y “mamá Pepa”, eran los propietarios de un tendajo ubicado en la calle de Escobedo, en Higueras, Nuevo León.

A Leticia Montemayor, cronista del municipio, se le iluminan los ojos cuando cuenta esta historia.
MUSEO
“Era realmente mágico entrar y observar los estantes de madera pintados de color verde turquesa, llenos de mercancía. Y el frente del mostrador cubierto con cartelones de anuncios”, dijo.

Señaló que un agradable aroma invadía el ambiente, había una la mezcla del maíz en el barril, el pan recién hecho y el gas morado para los quinqués, “aunque no lo creas, era algo embriagador”.

Las paredes estaban repletas de jarros, cazuelas, tinas, moldes de lámina para hacer velas de cebo, sombreros de palmito y juguetes; todo armoniosamente colgado con trocitos de mecate.

“Sobre el mostrador una pequeña vitrina con frascos de brillantina y lociones de colores, las cuales se vendían desde 20 centavos. Eso sí, había que llevar un frasquito para que con un embudo pequeño de lámina, don José María vaciara la loción”, expresó la autora del libro “Historias de la Loma de la Cruz” y “Las Luminarias 3 siglos de fervor guadalupano”.

Montemayor agregó que al frente del mostrador había una colección de hermosos frascos de vidrio redondos, conteniendo, chicles bolita de colores, Toficos, gallitos colorados cubiertos con azúcar, barrilitos de menta rompe muelas, banderitas de coco, chicles Canel’s, jamoncillos “y muchos dulces más, los cuales, si alcanzabas el mostrador, te despachabas tu mismo”.

El pan en un canasto cubierto con un mantel de bellos colores, bordado por mamá Pepa, indicó.

“Ella misma elaboraba el pan, lo despachaba en papel de estraza y lo cocía en el horno de piedra que el bisabuelo construyó en el patio”, dijo.

Recuerda que en la puerta que daba al pequeño jardín interior, un aguamanil celeste con una toalla blanca impecable, lo usaba papá Ía antes de abrir el tendajo.

“Lavaba cuidadosamente sus manos con un jabón de agradable aroma de esencia de lavanda”.

Cuando el bisabuelo advertía su presencia, sonreía y con sus ojos azules y su increíble mirada, le indicaba el frasco de chicles de colores, lo abría y depositaba en su mano un montón de ellos.

“Yo, con tres años de edad, corría a mi casa ubicada en la misma cuadra y al llegar abría mi mano y tomaba las golosinas. La palma de mi mano lucía un bello dibujo de siluetas circulares de colores mezclados entre sí”, expresó la ganadora de las medalla a la promoción cultural Celso Garza Guajardo, que otorga el Colegio de Cronistas e historiadores de Nuevo León Israel Cavazos.

Ese recuerdo y todo lo que implica, perduran en su mente y la acompañan como si hubiera sido hoy, su visita al tendajo de los bisabuelos.

La fotografía del tendajo es parte de una exposición, que montó con el grupo de niños “los Guardianes”, en el Museo de Historia de Higueras.
- Anuncio -

Columnas

Vuelta a la derecha

¡Arde Nuevo León!

La banca no es eterna

- Anuncio -