El mejor Presidente

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México tiene al mejor Presidente en el peor momento. Lo dijo el propio AMLO y hay que creerlo. Hay que martillarlo en el cerebro de los jóvenes para que lo recojan los próximos libros de historia patria que ya preparan los intelectuales Lorenzo Meyer, Pedro Salmerón y John Ackerman, además del documental fílmico del gran cineasta Epigmenio Ibarra. A López Obrador lo avalan el cumplimiento de sus 96 promesas de campaña y sus resultados sobre la recuperación clara de la economía en plena pandemia, el empleo a nivel nacional, los bajos índices de pobreza en todo el país y el combate a la corrupción, sobre todo al huachicoleo del petróleo, ya que antes se robaban 80 mil barriles diarios de combustible y ahora solamente 4 mil, lo que significa una reducción del 95 por ciento de este delito. Y en esa misma reducción apuntan los feminicidios y los homicidios en todo el país así como las masacres, que en este gobierno son casi nulas, aunque los enemigos de la 4T no lo reconozcan.

Indudablemente está triunfando Alfonso Durazo como Secretario de Seguridad Nacional con un buen trabajo de inteligencia contra la delincuencia. Y lo mismo puede decirse del científico epidemiólogo Hugo López-Gattel con su estrategia bien definida y acertada para evitar los contagios y muertes a causa del Covid-19.

Por algo nuestro primer mandatario ha sido calificado como el segundo mejor presidente del mundo, después del de la India. Aunque les duela a los conservadores y críticos de la prensa “fifí”, que están muy enojados porque no reciben su “chayote” oficial. Esa es la verdad monda y lironda. Por eso se equivocan los que lo critican de haber hecho un mal papel en su discurso dado en las Naciones Unidas, tildándolo de vergonzoso desde la primera hasta la última palabra. No entienden que sus clases de historia las fundamenta muy bien, por eso fue muy aplaudida su anécdota sobre el nombre del italiano Benito Mussolini cuyos padres buscaron, así, honrar a nuestro prócer Benito Juárez. Y ni qué decir que motivó a muchos dirigentes del mundo a vivir la austeridad franciscana y a vender sus lujosos aviones cuando dio a conocer la rifa del “Morelos”, que es un insulto para el pueblo de México, porque ni Obama (y ahora Trump) tienen una de estas aeronaves.

Los pobres siguen siendo su mayor preocupación y hay que aplaudirle con qué generosidad les hace llegar remesas de dinero en forma directa y personal, para evitar la corrupción de los intermediarios, lo cual llamó la atención del Papa Francisco, quien desde el Vaticano elogió esa medida y dijo que “ayudar a los pobres no es comunismo, sino apegarse al principio del Evangelio”. De ahí que les guste o no a sus oponentes, la gente que escucha las “mañaneras” no se cansa de aplaudirle que siga recalcando el mensaje de Cristo y el amor al prójimo, como lo gritó la pasada noche del 15 de septiembre. Nuestro Presidente es un comprometido con la solidaridad humana y el más honesto de todos los hombres de la tierra y si no se lo reconocen los mezquinos periodistas neoliberales de la derecha, es porque quieren que regrese el antiguo régimen, al que esos “chayoteros” no tocaban ni con el pétalo de una rosa. Por eso ahora nos atacan a los que estamos con La Jornada.

De paso hay que subrayarles a esos críticos pagados por el dinero de grupos de poder económico que si gozan de una irrestricta libertad de prensa es porque AMLO aguanta sus embates y, en memoria de Francisco I. Madero, trata de imitar su resistencia ante la prensa para ser de los presidentes más vilipendiados y criticados negativamente, como se los hizo ver en un estudio en que el 66.3 por ciento de los artículos de opinión sobre la 4T eran en contra y muy poco neutrales o a favor. Pero ha prometido que ni así recurrirá a la censura o a acabar con la libertad de expresión, porque en toda su vida ha demostrado que es un auténtico demócrata.

Debemos estar agradecido con sus obras en el sureste porque lo pondrán en igualdad de crecimiento con el norte de México, tan favorecido por los gobiernos del PRIAN, ya que el Tren Maya se construye sin visos de corrupción y la refinería de Tres Bocas en Tabasco será un monumento a la eficiencia en la producción de gasolina para dejar de importarla de Estados Unidos. Y ni qué decir del mérito que le asiste de enfrentar a los grupos más reaccionarios al cancelar el aeropuerto de Texcoco y levantar el de Santa Lucía mirando siempre el bien de la patria por todos los beneficios que traerá y los ahorros que ha significado al entregar los trabajos al Ejército.

Ya quisieran los anteriores gobernantes de México conseguir los logros de López Obrador en los primeros dos años de su mandato. Y cumplir como nadie su plan sexenal desde el principio, gracias a un equipo de trabajo en el que destaca la honestidad antes que nada aunque su formación técnica no sea la óptima. Ha sido fiel a su formación moral, que lo llevó a prometer en su toma de posesión “no mentir y no robar”, cabalmente para dar ejemplo de integridad en su propósito de acabar con la corrupción y la impunidad.

Tenemos Presidente para rato. Con una habilidad e inteligencia capaz de mantener una cordialidad rayana en la hermandad con su homólogo de los Estados Unidos, sea del color político que sea. Por eso a nivel internacional se le reconoce su ingenio que personalmente aplicó en la consumación del TEMEC, convenciendo a Donald Trump de la necesidad de su firma en el tiempo fijado. No es poca cosa en su trato con el mandatario más poderoso de la tierra. De ahí que aquellos que no quieran ver la altura de López Obrador, que se vayan de México y busquen un exilio donde les vaya mejor con sus columnas periodísticas y su trabajo editorial, porque los que escribimos en el diario La Jornada escribimos para agradarlo día a día, de modo que vamos a gozar ahora de la deferencia y simpatía del mejor Presidente de México en el peor momento del mundo.

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