No, definitivamente la razón por la que veo ese programa no es el perverso placer de ver el sufrimiento de personas convertidas en obesos mórbidos al borde de la muerte. En realidad la razón que me atrae es ver el valiente y doloroso proceso por el que deben luego atravesar para revertir el daño extremo. Muy pocos lo logran.
Mientras que por una parte se puede llegar a una condición nefasta en caída libre, salir de dicha condición suele ser un largo y sinuoso camino cuesta arriba.
En los casos donde existe codependencia, no faltará el “facilitador” que “alimenta” al síntoma y así controla a la persona, fomentando una adicción mutua, de la cual luego cuesta mucho salir.
Y así sucede con todo: malcriar a un hijo, descuidar a la pareja, desatender un negocio, incumplir en el trabajo, desatender la casa, incurrir en vicios o malos hábitos, o el abuso del cuerpo, de la salud, de la mente o del alma, etc.
Todo tiene efectos negativos acumulativos y mientras más tiempo pasa, más grande se hace el problema y más difícil y doloroso será revertir el daño, el deterioro, la deformación. El peso de la calamidad que muchos cargan sobre sus hombros se podría medir en “kilos mortales” hasta que se toca fondo. Solo así se entiende que no hay remedios mágicos, ni curas milagrosas, ni soluciones instantáneas ante los estragos de la negligencia crónica.
“El que domina a otros es fuerte, pero el que se domina a sí mismo es poderoso”.


