Fotos: Emmanuel Ortiz/Hora Cero
Leópolis, Ucrania.-
La vida en esta antigua ciudad, a 530 kilómetros de la capital Kiev, es muy normal pero empieza a sufrir cambios por la invasión rusa en diferentes frentes: los trenes son gratuitos para facilitar el éxodo de familias que huyen de la guerra, los restaurantes están cerrados y está prohibido el consumo y la venta de alcohol.
A ocho días de la inclusión militar ordena por Vladimir Putin, las fronteras con occidente permiten que miles de refugiados ucranianos, la mayoría mujeres, niños y ancianos, encuentren lugares seguros en países vecinos como Polonia, Eslovaquia y Rumania, aunque otras naciones de la Unión Europea también abrieron sus limites.
En esta población viven casi 800 mil personas que todavía no escuchan el sonido bélico, pero se prepararan para cuando pudiera suceder lo que parece inevitable.
Constantemente llegan trenes desde Kiev y otras ciudades más próximas a los primeros frentes de la guerra. Aquí las autoridades decidieron que sean gratuitos los traslados, por las calles la vida parece normal, el frío es menos de cero grados centígrados y la comida aún no escasea.
Se ven soldados en las estaciones del tren ayudando a subir y bajar de los vagones a los pasajeros, algunos con cara de preocupación. Y los policías tienen la orden de tener bajo control el trabajo de los corresponsales extranjeros que empiezan a llegar para cubrir el conflicto.
El servicio de Internet donde me hospedo es intermitente. Ayer me detuvieron para checar mis papeles y me retuvieron la cámara fotográfica, pero me la devolvieron más tarde.
Por el momento la guerra no ha llegado. Mi trabajo se centra en ir a las estaciones del tren para documentar a los refugiados y, en dos días, quiero intentar viajar a Kiev con un compañero francés.
La recomendación es trasladarse en tren, no en auto, ante el riesgo de que se instale un check point con gente extraña y tomen nuestras pertenencias.
Me preocupa que Kiev, con cuatro millones de personas, pudiera sufrir un asedio como Sarajevo donde vivían 400 mil. No me imagino cómo sería darle de comer a tanta gente en una situación que me tocó vivir en la ex Yugoslavia.
Ya es tarde y quiero descansar. ¿Por qué estoy aquí? Porque no me quiero perder esta parte de la historia y porque es mi estilo de vida.






