Gracias Memo

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Pudimos haber ganado, pero, de todos modos, ¡muchas gracias Guillermo Ochoa!, ya que por ti, hoy más de 135 millones de mexicanos no estamos llorando.

Y aunque todos los “antis” estén haciendo chile con la cola porque un americanista nos dio un aliviane, en verdad que ¡gracias Memo! Eres grande.

Esto sí que se pone del nabo, con Argentina bien rabiosa para este próximo sábado contra los nuestros, y con un Arabia que ya demostró que es un dromedario con dos enormes jorobas, pero que las gibas las tienen allá abajo, unos webb…otes como para ganarle nada menos que a un campeonable, como son los inches ches.

Los juegos de esta jornada sabatina van a ser clave. México tiene que jugarla frío, cocorear a los sudamericanos, hacerlos caer en la desesperación. Y el pueblo rezarle al santo de su devoción, para que los nuestros les salga lo árabes o de jodido que aprendan de estos weyes.

“El Tata” Martino les pondrá 200 veces la repetición del partido de este martes por la madrugada (nos lo chutamos, abuelita que sí). Y rezar, mucho, no nos queda más que orar harto.

Ojalá que los moros y poloneses se partan la mamá, pero que al final igualen sin goles. La derrota de Argentina ante Arabia nos confirma que no hay enemigo pequeño, y nos prepara para dos rivales muy fuertes contra México, los asiáticos no son un flan y los argentinos van a andar bien enchilados contra los nuestros.

Los sudamericanos no querrán quedar fuera del Mundial y están obligados a ganar a fuerza sus dos siguientes partidos, ante nosotros y con Polonia.

Este resultado de los turbantosos venciendo a los ches nos dice a todo el mundo que habrá más sorpresas. y que ya en el fútbol se han acortádolas distancias.

Mexicanos al grito de guerra, una vez, una sola vez, cuatro puntos nos ponen del otro Laredo, con un empate y una victoria, pero la igualada ya la tuvimos, así que ahora tenemos que ganar uno de los dos que quedan, el sábado o el próximo miércoles.

Los nuestros tienen que sacar la casta y hacer las cosas bien, y por única ocasión se tienen que poner todos los aguacates y ganar algo, alguno, uno, cuando menos.
Ya nos toca estar del otro lado, neta que tenemos pateando la bola desde 1901 y desde 1930 andamos en los Mundiales. Imaginen ahora, esta vez, al menos vengarnos de los sudamericanos (Alemania 2006).

Que padre sería que un país con 121 años de practicar esta religión mundial que es el soccer, su selección le diera una satisfacción a su enorme pueblo, triunfando ante ciertos odiosos.

Somo la quinta nación con más participaciones en estos eventos del orbe. Pues bien, ahora toca avanzar, pero por mucho, de calle, es ocasión de alcanzar lugares insospechados, nunca antes logrados, verlo de Arabia y Túnez este martes, la enjundia de Ecuador el día inaugural.

Que de esta Copa en adelante vean con respeto y preocupación a México. Nuestra afición lo merecemos, sí se puede.

Todavía nos emocionamos al revivir ese gol del Chucky Lozano para derrotar a los teutones en Rusia 2018. Hoy se puede contra Argentina, como fregados que no.
Así como esa vez en el país rojo, ahora México, sus hijos, merecemos más. ¡Vamos muchachos! (diría el gran Ángel Fernández).

Ojalá esta selección sea memorable, histórica, lo decimos sin empacho y no nos da pena hacerlo: confiamos en que sacarán las amígdalas, alguna vez en la historia de nuestro país lo tienen que hacer.

A ver si se compaginan estos jóvenes con los viejos jugadores. Que se dé la mágica mezcla que requerimos, que los vetarros le pongan tompiates al asunto, que les caiga el último oxígeno de sus carreras, que avienten el último bofe.

Ojalá -que significa “si Dios quisiera” y no “si Dios quiere” (como es que muchos erróneamente lo piensan)-, nos den una gran alegría este sábado y más adelante en esta justa mundialista.

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