Una plegaria al maratón.
Me has hecho sufrir…
Me has hecho llorar…
Me han llenado de incertidumbre sobre el futuro…
Me han rodeado de personas queridas, me las has retirado…me las has regresado.
Me has confundido entre tu sabiduría…
Pero quién soy yo para juzgarte, si al tiempo me has bañado con un poco (o un mucho) de tu sabiduría.
Me enseñaste a ser paciente y a manejar la ansiedad en mi vida diaria.
Los recuerdas: durante mis primeros maratones me desesperaba y corría más rápido de lo que debía, pensando que podría sostener el paso, pero me ganaba la idea de acabar más pronto y nunca me funcionó.
Y no era tanto por el tiempo que quería hacer, era porque, en serio, me desesperaba. Ya quería acabar.
Viajemos hasta el Maratón de Chicago, 2016. Cómo pesa el sol sobre los hombros, los brazos, la espalda. A mi mente le atacan los pensamientos catastrofistas, tengo mucho miedo de tronarme, por lo que tengo que ir midiendo el paso, kilómetro por kilómetro…sin pasarme de cierto ritmo para poder acabar.
Por momentos, la desesperación me hace ir más rápido que lo debido, pero aguanto y consigo ir al ritmo de adecuado, y lo logro, hasta cruzar la meta.
Como los adictos, un paso a la vez, la filosofía que el maratón me ha infundido para recorrer sus 42 kilómetros.
Una manera de manejar mis pensamientos que ha convertido el correr en una terapia, por lo que si dejara de correr sería la misma desesperada de siempre.
En mi caso, la ansiedad, el estrés y la desesperación se me manifiestan con problemas para respirar, lo mismo en el maratón que en el día a día, por ejemplo, al intentar dormir.
Así es maratón. Nunca termino de conocerte.
Pero me has moldeado, me has llenado de fe, de paciencia, de la fortaleza de la roca.
Aún recuerdo cuando la ansiedad recorría mi cuerpo hasta en los momentos cotidianos más simples, mientras conducía mi auto en el tráfico, hasta lo más complicados como una seria lesión.
Me has dotado de la paciencia del guerrero, moldeándome a cada paso, a cada metro a cada kilómetro, en estos días no ha sido la excepción, cada que he vencido el desafío de colocarme los tenis antes del amanecer o desafiando el inclemente sol reciente hijo del calentamiento global.


