Profesor Onésimo Gallardo

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Maestro de muchas generaciones en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, nació bajo el nombre de Onésimo Gallardo Velázquez, aunque conforme pasó el tiempo su apellido materno tuvo que cambiar. Nació el 29 de enero de 1936 en Tampico, Tamaulipas; su mamá no lo quiso llevar a la oficina del registro civil por razones que solo ella supo y su papá lo registró hasta el 6 de febrero del mismo año y por un pequeño descuido no le dijo al secretario que había nacido días antes, así que anotó como fecha de nacimiento la misma del día que fue registrado.

Era el preludio de lo que sería una vida llena de dramas que forjaron en un hombre de complejos a un artista con templanza. Hijo de Isabel Velázquez nacida en el Estado de México y Onésimo Gallardo del Ángel nacido en Tampico Alto, Veracruz. Estudió hasta cuarto año de primaria en una escuela particular llamada “Eglise” en su ciudad natal, donde experimentó en carne propia la discriminación clasista propia de las escuelas particulares de la época.

En ese tenor, recuerda que en una reunión de padres de familia a la que asistió su mamá porque iban a otorgar diplomas y medallas al mérito académico a los mejores alumnos del colegio, entre los que estaba el niño Onésimo, pero con la salvedad de que cobrarían una cantidad monetaria; este fue uno de sus primeros encuentros con la rudeza de la vida, pues si no había recurso económico para pagar el homenaje, no habría reconocimiento académico aún y cuando tuviera los merecimientos.

El niño sumamente precoz le decía a su mamá: “Yo no quiero estar en esta escuela de ricos, yo quiero estar en una escuela pública”. Lo que finalmente sucedió. Sus padres lo cambiaron a una escuela de gobierno y cursó hasta quinto grado, pues en 1945 su mamá tomó una decisión que cambiaría rotundamente el curso de su vida, determinó trasladarse a Matamoros con toda la intención de intentar cruzar a los EE. UU.

Doña Isabel, su madre, era una mujer comerciante con todo lo que ello implica, ya en Matamoros consiguió unos papeles por la módica cantidad de cien pesos para poder trabajar en San Benito, Texas. En esta etapa de sus vidas vino un cambio que removió la esencia interior del niño Onésimo, pues su madre tuvo que modificar su nombre, de Isabel Velázquez pasó a llamarse Juana Treviño y desde entonces su nombre fue Onésimo Gallardo Treviño, misma madre, mismo hijo, pero diferentes apelativos. Esto ocasionó en la mente del niño algunos conflictos internos que él guardaba estoicamente para no darle más problemas a su madre que los que la incertidumbre económica ya propiciaba. El desempeño inicial de la flamante señora Treviño en los EE. UU. era en quehaceres domésticos.

Su madre logró sacarle los papeles de residencia y por un tiempo vivió en EE. UU.; nuevamente volvió a vivir la discriminación; en la escuela le apodaban “el mojado” y debiendo ingresar al quinto grado, por su falta de conocimiento del idioma inglés, a sus diez años lo regresaron al primer grado, pero como tenía nociones más avanzadas de matemáticas lo ajustaron a tercer año de primaria. Ya estando en su nuevo salón su desempeño académico no era el mejor y por segunda vez lo regresaron a primer grado. Todos estos cambios le afectaron en su ánimo a tal grado que, en esa esencia ya citada de niño precoz, le dijo a su mamá: “Si tú no te vas, yo si me regreso solo a Tampico”.

Querido y dilecto lector, el niño Onésimo era como hijo, el ídolo de una madre de recursos limitados que lo había querido educar a costa de las más duras privaciones, con toda esta maraña de vivencias él había comprendido mejor que nunca su situación en el mundo y en su inteligencia pueril quiso ayudarle a su progenitora a resolver su estancia en la frontera.

Llegó a un acuerdo difícil con su madre, quien, en medio de la espiral inmisericorde de necesidades, aunado a que su hijo no encontraba atractivo vivir y estudiar en EE. UU., tuvo que aceptar en 1946 que el niño de once años se viniera a vivir solo en la Calle Zaragoza entre 5 y 6. En la mente de Onésimo, esto era una aventura anticipada en medio de una obra teatral que era su vida, no le daba miedo.

En aquella época había en Matamoros solo dos primarias de varones, la Escuela Modelo y la tipo Federal. Acabó su primaria en la Escuela Modelo, que este año 2023 cumple cien años; y aún recuerda las primeras excavaciones que hacían frente a su escuela, de lo que después fue la Alberca Chávez.

Ahí tuvo el primer atisbo con el arte, pues hasta esta institución educativa llegó el maestro Miguel Gómez de nacionalidad española, que ofrecía clases gratis de pintura; este fue el primer acercamiento del niño Onésimo a la pintura, quien tenía avidez por aprender lo referente a la técnica del giro. Esta historia continuará.

El tiempo hablará.

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