La Seguridad Pública

Últimas Noticias

Ya expuse mi punto de vista sobre el problema de la contaminación, y también el problema del agua…ahora le toca el turno al problema de la Seguridad Pública. El tema es tan complejo como antiguo. El filósofo Epicuro se planteaba una serie de preguntas inventando encontrar la razón por la que existe el mal El caso se conoce como “La Paradoja de Epicuro” O “El Problema del Mal”, asunto en el que hasta el mismo Dios salió cuestionado.

Entonces el debate fue parte no solo de la filosofía en general, sino muy específicamente de la filosofía de la religión, de la teología y de la ética. Epicuro se preguntaba:

¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? Entonces, ¿por qué llamarlo Dios? Esta es la Paradoja o trilema de Epicuro. (recordemos que la concepción de el “dios” de Epicuro, no era la misma del Dios Judeo-cristiano.)

Y así, que se desató todo un zafarrancho filosófico brutal e infinito. Quiero aclarar que no solo se trata de “hacer” el mal intencionalmente, lo que implica la acción directa del libre albedrío, donde una persona “elige” ser mala y cruel; sino también otros males que uno NO elige, como las enfermedades catastróficas, los accidentes terribles o fatales, las catástrofes naturales con toda su devastación, etc. Por lo pronto, sabemos todos que el mal existe y prevalece, lo mismo que existe la gente mala por elección o por “falta de opción” y coerción, con o sin Dios de por medio.

Por eso, podremos decir que “Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios” pero, con todo respeto, como diría el Doctor Simi: “Seremos lo mismo pero más barato”…como humanos, y a diferencia de un Dios, nosotros estamos llenos de fallas, defectos, y flaquezas.

El mal por elección, lo que consideramos crimen o delito también existe en un amplio espectro de variedades. Y hay expresiones del crimen a gran escala con distintos trasfondos: desde el terrorismo, hasta el crimen organizado. Este último es el mayor problema de criminalidad de alto impacto en Latinoamérica y en otros países a gran escala con distintos trasfondos que no lo justifican, pero sí lo explican: el fanatismo, el racismo, la tiranía, la esclavitud, la pobreza, el odio, la ambición…etc.

Todos sabemos que el Crimen Organizado tiene todo un “catálogo” de actividades ilícitas: piratería, prostitución, tráfico de personas, cobro de piso, secuestro, robo de identidad, tráfico de armas, lavado de dinero, etc…y claro…también el narcotráfico. Todo lo “prohibido” es negocio…de ahí el refrán: “A mayor prohibición, mayor perversión”. ‘Y por qué es un negocio tan lucrativo? Porque la gente consume con singular vehemencia todo aquello que está prohibido. El “mercado negro”, como todos los mercados, solo existe donde hay quien venda y sobre todo, quién compre. Por lo tanto, y particularmente en el tema de las drogas, el reto para enfrentar el problema tiene dos vertientes: el de la seguridad pública y el de la salud pública. La seguridad publica lucha cntra quienes atentan contra nuestra seguridad…la salud pública (en materia de adicciones) lucha contra contra y por quienes buscan su autodestrucción. Seguridad se encarga de los que promueven y venden, y Salud de los que compran y consumen.

Se invierten inmensas cantidades de dinero, miles de millones de dólares, en equipar con todo lo posible la parte de la seguridad pública para contrarrestar a las fuerzas oscuras del mal, lo cual me parece muy bien. Sin embargo, creo que no se invierte ni una décima parte de ese presupuesto en el asunto de la salud pública, en materia de adicciones y salud mental, en homologar y actualizar los programas de rehabilitación para que los consumidores puedan “elegir” con mejores posibilidades de éxito, liberarse de las garras de sus vicios.

Ojalá se le diera la misma importancia presupuestal a rescatar a los clientes del mal como se le da en eliminar a los promotores del mismo problema. A sabiendas de que siempre hay un roto para un descosido. De otro modo, -y ya sin meter a Dios en esto- debemos entender que el trasfondo del mal existe desde tiempos inmemoriales, que la lucha es como el Mito de Sísifo, algo así como el cuento de nunca acabar. Cuestion de “mantener el mal a raya”…hasta donde sea posible.
Es solo mi opinión… se vale disentir.

- Anuncio -

Columnas

Vuelta a la derecha

¡Arde Nuevo León!

La banca no es eterna

- Anuncio -