Falla en la Matrix

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Torneo Clausura 2025
Jornada 10
3 de marzo
Estadio Universitario
Tigres vs Chivas

El empate sin goles se alarga. Las amazonas y las tapatías buscan lastimarse pero topan con hueso. El duelo está extremadamente cerrado y las oportunidades escasean.

Tiro de esquina por la derecha, a favor de las de la UANL. Es el minuto 75 de tiempo corrido. Las locales se van al ataque. Jenni Hermoso cobra, pero se queda corta y el balón es rechazado de cabeza, otra vez hacia el lado donde acaba de centrar. En el corredor del área Kgatlana recupera el balón y lo pasa de regreso a la española que, con débil marca, se acomoda sin dificultad a su perfil zurdo.

El centro es a primer poste, y tiene como destino el pico del área chica. No parece dirigido. Más bien, luce como un servicio en busca de una cabeza oportuna. Lizbeth Ovalle ronda la portería y se aproxima a la pelota. Así son las delanteras: no esperan el regalo, salen a cazar la presa.

La esférica no alcanza la olla y La Maga la busca, para recuperar una jugada aparentemente muerta. Entonces ocurre algo parecido a una falla en la Matrix. La realidad se altera, en una ilusoria percepción inexistente. El mundo conocido existe solo en una dimensión virtual, donde el tiempo y el espacio se deforman.

Porque lo que hace la número14 parece extraído de una pintura onírica de Dalí, con relojes derretidos y elefantes con piernas de popote. El movimiento ensayado no tiene precedente, es único en la historia del futbol. La cabriola inventada es como un accidente en el tiempo, un asteroide fulminante de dinosaurios o la glaciación para habilitar el paso migrante por el Estrecho de Bering.

La Maga Ovalle improvisa, al encontrar imposible recibir el envío de frente. No tiene tiempo para bajarla como Dios manda, e intentar una media vuelta, o para pasarla a la compañera aproximándose. Decide entonces acomodar el cuerpo de una manera extraña y no hay manera de anticipar su movida.

La preparación de la chilena es característica, de espaldas al arco, para echar el cuerpo hacia atrás y conectar con el empeine en el aire. Por otra parte, el que ejecutará la volea hace cálculos para a balancear el cuerpo cuando la paloma descienda.

Esto que hace la zurda felina no está en el catálogo. Va de cara a la de gajos, pero en acto reflejo da media vuelta, como mostrando el lado reverso de la moneda, y queda de espaldas a la jugada. El arcoíris viene en declive. Sin ver la portería, se contorsiona. Nunca nadie ha intentado, siquiera, un movimiento como este.

Su cuerpo levita, y en la pirueta se castiga la espalda, doblándola sin clemencia en un espasmo, para levantar la planta de los botines. Al truco no se le pueda llamar escorpión. Por favor, se necesita un término nuevo. A ciegas, con el radar de la intuición conecta. Ha levantado las dos piernas, pero solo el extremo de la izquierda hace contacto. La larga coleta se agita como un latigazo.

La bola vuelve a elevarse, con una trayectoria combada, lejos de los guantes de la arquera del rebaño. La parábola es amplia y se aproxima hacia el ángulo del segundo poste. Curiosa, Ovalle gira la cabeza para seguirla, mientras su cuerpo va cayendo suavemente en el césped. Se da tiempo, una fracción de segundo, acaso, para ver la culminación de la obra.

El balón se unta dócil en la cara interna de la red. La tribuna ha guardado silencio reverencial, por un instante eterno. En la cancha, felinas y caprinas también se dan tiempo de contener la respiración para presenciar el milagro.

La pelota impactada por Lizbeth Ovalle Muñoz, pasa por encima de todo el mundo. Su vuelo es inmaculado, para dejar una estela inolvidable de polvo de estrellas, en la amorosa elaboración de uno de los goles más bellos de los últimos años.

¿Un término nuevo para la jugada? Puede ser camaroncín.

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