Muchas percepciones diferentes ha venido dejando esta Copa del Mundo en muchos sentidos.
Fuera de la cancha se han suscitado situaciones que desnudan el racismo de la gente de pantalón largo, sobre todo en Estados Unidos, hostigando a jugadores, directivos y árbitros en las aduanas y prohibiendo que una delegación como la de Irán no duerma en su territorio. Que la perra de Trump –no Salinas Pliego, no; la otra, Infantino– no pueda meter las manos por ellos es una muestra de quien maneja el negocio.
Belinda te lo mostró a cielo abierto…
Porque dentro de la cancha se ha notado mucho las ganas de joder a los equipos que no tiene el relumbrón de selecciones de alto nivel.
Luego de todas esas anomalías que vas descubriendo, no pasa nada. A la gente no le importa y la TV se calla. No les conviene hacer enojar a la mafia.
En dos duelos del fin de semana hubo situaciones como el Suiza-Qatar donde a los europeos les validaron un gol en evidente fuera de juego. Por suerte los árabes empataron a dos del final.
En el Escocia-Haití, una plancha a la rodilla de un caribeño la marcaron como amarilla y dos evidentes manos en el área escocesa en diferentes jugadas el árbitro no las marcó y el VAR decidió no llamar para corregir.
Era evidente que perjudicaría a los haitianos y lo consiguieron. Escocia ganó 1-0.
En el partido entre Brasil y Marruecos, junto con el Holanda-Japón, los dos mejores hasta ahora, le dieron a los de Ancelotti 10 minutos para que pudiera ganar y no pudo, se tuvo que conformar con la igualada ante la selección que –igual que Argentina dos o tres veces– se robó una Copa al ganar en la mesa un título que perdió en la cancha, ante Senegal.
Hoy, la gente ya sabe que todo es un teatro montado, que los árbitros son los ejecutores del crimen y que ya se sabe quién va a ganar al Final, pero igual se emocionan.
Dicho sea de paso, es una gran decepción que Pierre Luigi Collina, un árbitro que fue admirado y respetado en todo el mundo, permita que estén usando a su personal para estas maniobras de manipular partidos.
Pero sigamos con la farsa…
Este jueves el seleccionado mexicano de fútbol de Javier Aguirre, luego de exhibir públicamente a Brian Gutiérrez, lo va a sacar de la alineación.
Es muy posible que mande en su lugar a Gilberto Mora y nadie descarta que el muchacho se vaya a perder, ´ porque los demás no juegan a su ritmo.
Aguirre, tiene la oportunidad de que su equipo ofrezca una buena actuación, luego del bodrio que ofrecieron ante Sudáfrica.
La gente resultadista, la que endiosa a los jugadores y ganan y les mientan la madre si pierden, no sabe ni entiende mucho del tema. Lo necesario es que un equipo juegue bien, lo intente, busque alternativas, empuje, corra, meta y vaya al arco de enfrente. Puede perder en el intento, pero el fútbol quedará ahí.
Los que trotaron y caminaron la cancha ante los sudafricanos –excepto el colombiano y Lira– no convencieron a nadie…digo, a nadie que sepa algo de fútbol.
Corea no es Sudáfrica. Ellos priorizan la habilidad, la velocidad y la fuerza, sin descartar que tiene técnica suficiente para hacer sufrir a cualquiera. Pregúntale a la pálida República Checa que está acá de cortesía, igual que 25 escuadras más.
México la va a sufrir en serio. La única forma de hacerlo es si los de blanco hicieran lo básico, que sería tocar y moverse, algo que les cuesta mucho.
Si pierden la pelota, a correr porque esta vez sí van a correr en serio, pero no para ofender, sino detrás de los asiáticos que son unos gamos en que vuelan sobre la pradera.
Continuemos pues con esta función de melodrama barato llamado Copa del Mundo…
¡Salud!


