México, D.F.-
La historia de los Versace no se fracturó cuando Gianni, el hijo predilecto que sacó a la familia de anonimato, fue asesinado. Él estableció desde niño que no quería ser carbonero como su padre, y que en las clases de costura de su madre estaba su futuro. Todavía era un adolescente y ya escogía entre el estilo de Valentino, Callaghan, Gany y Complice, sus otros maestros.
Sólo veinte años le bastaron para crecer su proyecto a más de 150 tiendas, un imperio calculado para subsistir 200 años. La postura del italiano siempre fue tajante, creía firmemente en que “el buen gusto no existe” y con esa idea en mente se mudó a Milán, metió a sus hermanos en el mundo de la moda y llenó las grandes pasarelas de sensualidad y elegancia, aunque sus detractores lo llamaban “vulgar”.
El cuero fundido, el caucho, las piedras preciosas, sedas y pieles combinados en colores vivos y cortes atrevidos inspirados en el Renacimiento es lo que rescató de Madame Grés y Madeleine Vionnet, dos de sus musas que tuvieron auge en 1930.
Las críticas para alguien que tuvo como visión innovar en el mundo de la moda eran grandes. El espectáculo generado a su alrededor eran un plus que bien supo aprovechar, así que no era de extrañarse que sus pasarelas fueran tan esperadas como un concierto masivo de rock, que en su lista de invitados especiales siempre tuviera a Madonna y Elton John y, que sus prendas tuvieran como maniquíes a Cindy Crawford, Naomi Campbell y Linda Evangelista, quienes se erigían como top models debido a los altos salarios que Gianni pagaba.
De ahí la tendencia que se vive hasta la fecha de que las grandes modelos cobran millones por posar con una buena marca, Gianni fue quien les dio su lugar como perchas y las anunciaba como el gran atractivo.
El espíritu y la bala
No conforme con tener ya las miradas de Milán encima, Gianni se expandió a Estados Unidos donde su familia le cuidaba los negocios y donde su sobrina Allegra, apenas una niña, era “la única que me entiende en mi expresión del sentir”, quien lo llamaba “mago” y lo hacía crecer, así que pronto fue el diseñador de vestuarios de obras de teatro de Nueva York y el indiscutible modisto de los grandes del espectáculo.
Entrada la década de los noventa tuvo su primer altercado con la muerte, ya que en 1993 le diagnosticaron cáncer en el oído, que después de reposo y tratamiento desapareció no sin antes dejar a su familia más involucrada en su imperio, a él con un testamento bien definido y con ganas de llevar su vida, más allá de su propia existencia.
Gianni no dejó la aguja sin usar y declaraba que su juez era su hermana Donatella, “cuando diseño algo le llamo y se lo muestro, si a ella no le gusta lo tiro”.
Parecía que el futuro ya era predecible para él. La mañana del 15 de junio de 1997 habló con su hermana para que le trajeran a su sobrina Allegra porque quería verla. Minutos después salió de su casa en Miami para caminar al News Coffe, un lugar donde compraba sus periódicos italianos y revistas europeas. De regreso a su casa y en las escaleras de mármol de su mansión, la cual rediseñó para que fungiera como palacio italiano renacentista, fue muerto por el asesino en serie Andrew Cunanan, de un balazo en la nuca.
El reparto de los millones
Su muerte causó gran impacto en el mundo de la moda y obviamente en su familia, de ahí que sus hermanos Donatella y Santo sacaran fuerzas para encontrar al asesino, quien se suicidó 10 días después de matar a Gianni.
El siguiente paso fue la lectura del testamento, el cual benefició con un 50% del imperio a Allegra Beck, la “hada” de Gianni que sólo podría hacer uso de su riqueza al cumplir la mayoría de edad, y que mientras tanto sería administrada por su madre Donatella Versace y por su padre Paul Beck, un modelo que trabajó en varias ocasiones con Gianni.
Otro 20% de la riqueza se le quedó a Donatella Versace, mientras que el resto quedó en manos de Santo, el hermano mayor de Gianni.
Quienes no recibieron parte de los negocios, pero sí fueron mencionados en el testamento fueron Daniel Beck, también sobrino de Gianni, quien heredó la amplia colección de arte del diseñador que contiene piezas de Picasso y Leger.
El otro beneficiario fue Antonio D’Amico, compañero sentimental de Gianni en aquella época, y quien obtuvo un cheque mensual de 30 mil dólares, así como el derecho a disfrutar de las propiedades inmobiliarias del modisto.
El hada
Más de 400 millones de euros es lo que heredó Allegra en 2007, cuando cumplió la mayoría de edad. Pese a que todos creían que su gusto por la moda iba a sobrevivir de aquellos tiempos en que parecía la sombra de su tío, a ahora que es una joven, sucedió todo lo contrario
Allegra sale de su casa a cualquier lado con seis guardaespaldas, trasciende que su madre la tiene en tratamiento porque cayó en la anorexia y que, para sorpresa de muchos, no quiere dedicarse a la moda, sino a la actuación y estudia en Milán y Nueva York para ello.
Conserva su gusto por cortarse el cabello una vez a la semana.
La hermana
Donatella Versace es ahora quien está al frente del imperio Versace, aunque cuando murió su hermano declaró que él “dejó bocetos para toda una vida, una inmensa colección”, ahora asegura que nada de lo que dejó “el mago” estaba terminado, y que la diversificación y avance de la marca se debe a lo que ella hace y que aprendió de su hermano.
Conservó y ayudó a la extensión de la marca de la medusa a ropa masculina e infantil, además produce bolsos, perfumes y joyería de alta calidad.
El administrador
Santo Versace es el hermano mayor de Gianni que heredó un 30% de la firma italiana, convirtiéndose al mismo tiempo en el encargado de las finanzas y política de la compañía. Su trayectoria en el imperio Versace le hizo acreedor en mayo al puesto de director de la empresa Polimoda, importante consultora en el mundo de la moda que aglutina a 30 empresas, apoyado por el ayuntamiento de Florencia.

