Hace rato que el Sol amenaza en convertirse en algo incómodo. Estamos por entrar al kilómetro 15 sobre la avenida Revolución.
Cuando de pronto caigo en el cuenta de que hay un corredor a mi lado que hace tiempo no se me despega.
¿A qué ritmo vas?, me pregunta.
-5:05.
Me doy cuenta de que no trae reloj y me ha elegido para mantener un ritmo.
Estamos en la edición 2022 del Maratón Powerade Monterrey, que ha iniciado a una temperatura cercana a los 17 grados. Es mi maratón número 12, diciembre 11 del 2022.
Llegamos a uno de los puentes de Lázaro Cárdenas, me quedo atrás en un intento por dosificar el ascenso y mantener la frecuencia cardiaca. Él sigue a un paso firme, después yo lo alcanzo.
Así seguimos. De tanto y tanto me pregunta a qué ritmo vamos.
“Este kilómetro lo pasamos a 4:55”, le digo.
Entro al baño tras pasar el kilómetro 23, justo donde empieza el trayecto de bajada, aún sobre la Avenida Revolución.
Continuó. Entramos a Calzada del Valle, el horizonte se quiebra ante el Puente Atirantado, entramos a la curva que nos lleva a Morones Prieto, es quizá el kilómetros 28.
Ahora me doy cuenta que una mujer joven corre a mi lado, mantiene mi ritmo. No nos hablamos, sólo vamos a codo a codo, noto que mi ritmo la alienta, me doy cuenta que su ritmo me alienta.
Las porras contagian, rompemos el hielo, me hace ver que la energía de la gente nos impulsa. Se acerca el kilómetro 32.
Trato de mantener el ritmo, pero empiezo a sentir que la energía se me acaba.
Vamos llegado al kilómetro 33.
Veo el Garmín, vamos a 4:40-4:50.
“A este ritmo harás 3:30”, la animo.
“No pienso en el tiempo, sólo en disfrutar el trayecto”, me dice.
Me doy cuenta que también le está costando el cierre y utiliza un diálogo positivo para mantenerse firme.
Llegamos al 35, decido quedarme, se lo hago saber.
“No te quedes, me dice, sólo afloja las piernas”, me dice.
Se va, le veo perderse en el horizonte de corredores.
Me han cobrado factura algunos factores que no he sabido controlar, pero he disfrutado correr por un momento acompañado, sin competir.
Al joven me lo topo en la meta.
“Por el ritmo que corriste, traes para más”, la digo.
Me responde que es boxeador profesional y ha corrido su primer maratón.
A la joven mujer no la volveré a ver, espero haya cruzado en 3:30, y que mi compañía durante algunos kilómetros ha sido positiva para ella.
Mi amigo Fidel Mejía, psicólogo del deporte y ex jugador de Rayados en la Primera División, me hace reflexionar:
“Es por eso que la gente disfruta este deporte, no te preocupas por quién va adelante, ni por quién va a atrás. Es lo de hermoso del maratón”, me dice.


