Catarsis y revelaciones

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¿Cuál es el color de un maratón?

Al principio parece incoloro, cristalino, pero al paso de los años empieza a tomar diferentes matices, tonos.

Un mismo maratón, incluso, representa diferentes colores para cada uno de los que están ahí, por una sencilla razón, cada uno estamos en el camino por razones diferentes.

Tan atrapante es el maratón que empiezas a relacionarlo con distintos escenarios de la vida, o del día.

Por alguna razón siempre me han atraído las estaciones subterráneas del metro de las distintas ciudades que he conocido.

Me parece algo así como una ciudad profunda en el seno de otra ciudad, algo así como el mundo que nos retrata el Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne.

Sentado en una de las bancas de la estación subterránea de General Anaya, empiezo a imaginar, que es parte de una ciudad subterránea donde pueden cohabitar todo tipo de seres. Me entretiene pensar en eso, y en la posibilidad de que pudiera alguien escribir algún cuento fantástico sobre esta ciudad imaginaria.

¿Pero qué tiene que ver el maratón con eso?

Pues que pienso que el río de personas que dan forma al maratón representan algo así como una ciudad adentro de otra ciudad, un mundo itinerante de emociones de historias que durante unas seis horas confluyen en un mismo destino, para después volver a separarse.

Una ciudad imaginaria que sostiene las emociones, las esperanzas, los miedos de cientos o miles de personas a través de una experiencia que llega a ser catártica, para liberar las emociones.

Es entonces en ese estado cuando empiezan las revelaciones.

Así es como parado frente a la meta de salida del Maratón de Houston 2023, el 15 de enero pasado, entiendo algo que me había costado mucho alcanzar: ver los problemas, los desafíos de la vida cotidiana, en perspectiva.

Minutos antes de comenzar el recorrido experimento algo muy distinto a los 12 maratones anteriores en los que he participado.

Me doy cuenta que no debo vivir el maratón como una carga más pesada de lo que realmente es. De esta forma de dejo de verlo como un monstruo dispuesto a maltratarme durante las siguientes horas, para convertirlo en un amigo, dispuesto a compartirme su sabiduría.

Arranco y a medida de que voy avanzando en los kilómetros, me dio cuenta de que esa visión a perspectiva también aplica para mi vida cotidiana, una enseñanza a partir de ese día aplicaré en los distintos desafíos de mi día a día.

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