Compañerismo

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Suelo correr el 21K de Tarahumara con una alegría especial. El domingo fue no la excepción, pero además de disfrutar el ambiente festivo, esta edición me dejó una gran enseñanza.

La palabra compañerismo alcanzó otra dimensión, entendí que compañerismo es no sólo ser empático y echar porras, sino entender en medio de la presión qué es lo que necesita el compañero que va a corriendo a un lado.

Después de haber empezado el año casi sí tratando de cumplir casi con todo el programa, pero con menos intensidad, arranqué de manera más tranquila mi participación, a diferencia de otros años.

Mi idea era comenzar a ritmo de 5 minutos por kilómetro, e ir aumentando la intensidad de acuerdo a cómo me fuera sintiendo.

Cuando avanzaba sobre la Avenida Constitución escuché la voz de un compañero de mi equipo Castañeda Runners. Estaba a la altura del kilómetro 12 y veía a mi compañero más fuerte de lo que él mismo creía.

Tomamos avenida Gonzalitos y luego Morones Prieto, arteria con un poco de inclinación de bajada, lo que representa algo de descanso, aunque pronto llegan los puentes que vuelven a tornar exigente la prueba.

Durante varios kilómetros perdí de vista a mi compañero, aunque intuía que venía atrás, pero muy cerquita de mí.

Nos aproximamos al kilómetro 17 cuando giré mi cabeza hacia atrás y lo vi que venía esforzándose con un gran corazón.

Como había sucedido la primera vez que nos topamos casi a mitad de carrera, él seguía diciéndome que me veía muy tranquilo, y, en cambio, él iba al borde del colapso.

Pensé que se estaba menospreciándose porque yo lo veía más fuerte de lo que él mismo se veía.

Así que intenté animarlo: “Vámonos, le dije..”, pensando en cerrar un poco más fuerte los últimos tres kilómetros que faltaban.

“No me presiones”, estalló.

Pero yo le dije:

“No le hagas caso a tu cuerpo, sino a tus tiempos en los entrenamientos”, agregué, “y tus tiempos en las series dicen que vas a llegar igual que yo a la meta”.

Apretamos en los últimos tres kilómetros, y sobre el kilómetro 19 me rebasó sin que lo pudiera alcanzar.

Me sacó como un minuto de ventaja cuando cruzamos la meta.

En el kilómetro 18 quizá intentando motivarlo hice lo contrario, aumenté su presión. En total registró un ritmo de 4:37 y yo de 4:31.

La enseñanza es que cada persona es distinta y que trabajar en equipo es conocer a los compañeros para decir las palabras que necesitan escuchar en determinados momentos.

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