Estamos acostumbrados a ubicar ciertas morfologías para tales deportes y creemos que siempre debe ser así.
Personas altas para deportes que, primordialmente, se juegan por arriba y aquí entran los casos del baloncesto y voleibol. Sin embargo, las personas de baja estatura suelen tener oportunidades en estos y muchos deportes.
En estos días, por mi oficio de periodista, he estado en dos eventos de las máximas categorías del voleibol de playa en el mundo: el Challenge de La Paz y el Elite 16 de Tepic. Ambos tipos de torneos son profesionales y darán calificación a los Olímpicos de París 2024, siendo los Elite 16 los de más alta calidad.
Aunque he visto mucho en el deporte, bastante me admiró el desempeño de la pareja estadounidense que ganó el Challenge de La Paz, integrada por Kristen Nuss y Taryn Kloth.
Por lo general en esta modalidad todas las parejas son altas, con la menos alta jugando a la defensiva. En las parejas “normales” esa diferencia en estatura suele ser de escasos centímetros.
Por ello es muy raro ver parejas “disparejas”, es decir, un integrante alto y el otro bajo, pues éste es el perfil de esta dupla líder en el voleibol de playa. Nuss mide 1.68 m y Kloth está en 1.93, porque la red en este tipo de voleibol se sitúa en 2.24 m.
Verlas jugar es un deleite, muy admirable la forma en que ganan puntos y su positiva actitud cuando los pierden, por algo lideran en este momento la clasificación olímpica hacia París 2024.
Una jugadora de 1.68 m de estatura en este deporte estaría descartada en muchos equipos, pero no para Estados Unidos, que sostiene a esta pareja, porque lo que cuenta es la técnica que dominan, la estrategia que siguen, el perfecto acoplamiento entre ambas y la eficiente comunicación que llevan en los partidos.
Por eso no es válido en el deporte dar por asentado que tal biotipo debe ser lo único para tal o cual deporte. El basquetbol da la posibilidad al botador, el voleibol de sala al líbero, el soccer y el americano se abren a todas las posibilidades como también el boxeo, el taekwondo, la natación, la esgrima, las pesas y así más deportes.
Y por supuesto que existen deportes con morfologías muy necesarias, casi como requisito: la gimnasia o los clavados, donde un deportista alto presenta más dificultades para vencer la gravedad y ejecutar técnicas con gran rapidez y en movimientos muchas veces acíclicos y continuos.
¿Qué hubiera sido del deporte sin el aporte de los bajos de estatura?
El mundo se hubiera perdido de apreciar tanto talento y entonces no tendríamos a grandes astros como los futbolistas Maradona (1.65 m) y Messi (1.69). Al beisbolista dominicano José Altuve, de 1.68 y quien hasta jonronero es, o al boxeador mexicano Humberto “La Chiquita” González, de 1.54.
O también como la nadadora de fondo estadounidense Janet Evans (1.65), ganadora de 4 oros y una plata en el fondo de los Olímpicos de Seúl 1988 y Barcelona 1992, o los 1.67 del esprínter cubano Enrique Figuerola, ganador de plata en Roma 1960 y plata en el 4×100 m de México 1968.
No hay que olvidar a los Pequeños Gigantes del 57, con quienes surgió aquella famosa sentencia de “no los vamos a cargar, les vamos a jugar”.
Y en afecto así es: el deporte da para todos, siempre que se reconozca el talento de las personas y se eliminen los prejuicios que tanto daño hacen en todos los órdenes de la vida.


