Desenmascara tus miedos

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No sé si a ustedes les ha pasado, pero de pronto, ya sea en un entrenamiento o en un carrera, encuentras respuestas a aspectos que llevabas años sin lograr resolver.

Me pasó. Un mañana durante un entrenamiento recorría el circuito al que nosotros le llamamos Almazán, donde termina una parte de la colonia Anáhuac y comienza la Residencial Periférico.

Venía haciendo el esfuerzo para tratar de mantener el ritmo, y no sólo eso, sino por ir un poco más allá de mis límites. Suele pasar que empiezan a atacarte los miedos, que si te vas a tronar, que si te puedes lesionar, que si puedes tropezarte al ir más rápido, desde que si por ir centrada tanto en el esfuerzo no ves un bordo o te atraviesas al paso de un carro, etcétera.

Pero de pronto empecé a razonar mis miedos, a preguntarme qué es lo que sentía y por qué lo sentía, en dónde empieza lo real y en dónde empieza lo imaginativo.

¿Qué me puede pasar si mantengo este ritmo? Qué me puede pasar si voy aprieto el paso?

Empecé a darme de que el temor de que algo me pudiera pasar era algo más imaginativo que real porque mis indicadores como la frecuencia cardiaca estaban en un nivel óptimo, y no sentía ninguna molestia física.

Al analizar e ir descartando por partes los diferentes componentes de mis miedos, al final se quedó desnuda la verdadera causa por la que no quería mantener el ritmo intenso o ir más allá.

La verdadera causa era una cierta pereza de que no querer mantener el esfuerzo durante tanto tiempo, porque se requiere concentración, valentía, capacidad de sacrificio, resistencia mental, para mantenerse en un ritmo intenso e ir más allá de nuestros limites.

A partir de ese día he aprendido a desenmascarar mis miedos, claro que no siempre lo logro, pero sigo en el proceso.

 

 

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