A lo largo de mi vida he estado y he visto muchos deportes, de esos que todos consumimos pero también otros que en nuestro país nomás no. Y sólo en dos se busca engañar a quienes están ahí, con un silbato, para hacer cumplir las reglas.
Como número uno de estos dos ubicaría al fútbol soccer en donde burlarse de la autoridad es cosa de cada partido. En casa encuentro hay más de una falta fingida, una exageración de golpe, una payasada del jugador buscando sacar ventaja con una marcación de falta favorable.
El mentirle a un silbante, el engañarlo, es algo tan común que sobre pasa lo ridículo que se ve al jugador que lo intenta en cada jugada.
¿Qué no sabe el jugador que en todo partido, juéguese donde se juegue, hay más de 15 cámaras cubriendo cada ángulo? No les da vergüenza si quiera y nadie los cuestiona de tales ridiculeces.
Directivas que permiten y ni no se diga cuerpos técnicos que se vuelven cómplices de tal ridiculéz.
Mientras que la FIFA y las federaciones de cada país afiliado también se hacen los de la vista gorda.
El fútbol se ha vuelto el arte del engaño y a nadie parece importarle que los futbolistas parezcan más malos actores sin guión que verdaderos deportistas. Fútbol prostituido por jugadores (no digo todos) que por obtener ventajas fingen como si les hubieran puesto una madrina cuando no los tocan en muchas ocasiones. ¿Porqué habrá caído a esto el fútbol? No lo sé, pero es un fenómeno mundial.
Les decía de otro deporte que es así y que se abusaba de fingir faltas también, el básquetbol. La diferencia es que en ese deporte les quitaron lo descarado a los jugadores y aunque aún hay, ha disminuido mucho, al menos en las ligas importantes de primer mundo.
El arte del engaño, en el fútbol están los que hacen magia con el balón y hay quienes hacen sólo trucos fingiendo faltas irreales.

