El beso español

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En marzo del 2022, durante la 94 ceremonia de la entrega de los premios Oscar, el actor Will Smith subió al escenario y, en vivo y directo para el mundo, le dio una bofetada al presentador Chris Rock, que segundos antes había hecho bromas de la cabeza rapada de su esposa. Un año después, se recuerda más el incidente violento que la película CODA, que ganó la categoría mayor.

Una situación igual de lamentable se escenificó el pasado domingo en la ceremonia de premiación del Mundial Femenino celebrado en Australia / Nueva Zelanda. España venció 1-0 a Inglaterra. Durante la entrega de medallas doradas, en el Estadio de Sidney, el presidente de la Real Federación Española de Futbol, Luis Rubiales, sorprendió a la jugadora Jenni Hermoso y le dio un beso en la boca sin su consentimiento. El momento fue captado por la TV y se transmitió por todo el orbe. Minutos después, la española declaró entre risas apenadas que no le había gustado el gesto, aunque en una entrevista posterior dijo que no le daba importancia.

Ahora ya se habla más del beso inapropiado que del campeonato de las chicas, que se impusieron con categoría a las aguerridas británicas. Una proeza deportiva es opacada por un acto que algunos líderes de opinión en España han calificado como abuso sexual.

Hay razones de peso para llamar a cuentas al dirigente. En cualquier otro ámbito social, ese beso sin consentimiento acarrearía problemas. Un gerente de una empresa que hiciera lo mismo con una empleada, sería de inmediato echado a la calle. Llama la atención que hasta ahora no se han emprendido acciones, ni por parte de la Real Federación ni de la FIFA contra el transgresor.

La ausencia de consecuencias, por este hecho, hace suponer que, por ser famoso, encumbrado en las esferas de la política deportiva y la sociedad, el hombre está revestido por una cubierta de impunidad.

Es muy extraño que haya incurrido en estos actos deleznables un tipo que, se supone, debe ser inteligente y hábil para manejarse en un medio competitivo y demandante, como es la dirección de una organización deportiva gigantesca y que mueve intereses descomunales. No se le puede aceptar la excusa de la emoción, pues dice que la euforia del momento lo movió a ese beso sin consentimiento mutuo, lo que implica no solo una falta a la decencia, sino un delito. Quién va a creer que un adulto obligado a tener bien encendidas las luces de la cabeza, pueda alegar un descuido pequeño, al incurrir en una falta tan grave. Se demuestra que la inteligencia para el trabajo no va a aparejada, necesariamente, con la inteligencia emocional.

Rubiales bromeó en pleno festejo en el vestidor, para minimizar el hecho, y dijo que, en Ibiza, donde habría celebración por la conquista del cetro, se casaría con la jugadora del Pachuca, de México. Luego llamó gilipollas a quienes lo reprocharon, aunque después tuvo que retractarse en un video poco convincente, en el que pide perdón si alguien se siente ofendido.

Con el paso de las horas han comenzado a acumularse evidencias de abusos y actuaciones inapropiadas del federativo, exfutbolista profesional que tuvo una carrera breve y poco brillante con el Levante y el Hamilton Académicas, de la liga escocesa.

En esa misma ceremonia de premiación le plantó otro beso inesperado, en la mejilla y por detrás a Olga Carmona, anotadora del solitario gol del triunfo. Ahora se ven imágenes en las que, en el palco de honor del estadio, a unos pasos de la reina Letizia y la infanta Sofía, levanta los brazos y se coge los genitales, en señal de triunfo.

En medios nacionales se señala que Rubiales ha provocado vergüenza en toda España. El ministro de Cultura y Deportes de la nación, Miquel Iceta consideró inaceptable el gesto y demandó que el dirigente del futbol diera explicaciones. Hasta el presidente de España, Pedro Sánchez se pronunció. Al recibir a las seleccionadas en el Palacio de Gobierno de La Moncloa, dio un apretón de manos frío al abusivo. Luego dijo, con enfado, en conferencia: “Las disculpas que ha dado el señor Rubiales no son suficientes”.

En el nuevo milenio, España se ha erigido como un líder en prácticamente todos los deportes. En contraste, su máximo dirigente del futbol no se ha comportado como el dignatario que debiera ser, y ha enviado un mensaje de prepotencia soberana. Al salir indemne de este exabrupto, da a entender que su espontaneidad, el júbilo y cualquier otra de las manifestaciones impulsivas que lo animen, están por encima de la voluntad de cualquiera, incluida la de una chica que está celebrando el momento más elevado que seguramente tendrá en su carrera deportiva y tal vez el logro mayor que vaya a conseguir en la vida. Rubiales estuvo ahí para empañarlo.

Ya dependerá de Jennifer Hermoso Funtes si procede contra Rubiales, y lo denuncia judicialmente, para que exista una acción legal que lo sancione.
Como el federativo, Will Smith ofreció sentidas disculpas, pero, en su caso, todo Hollywood le dio la espalda.

No hay todavía una respuesta contundente frente al atropello de Rubiales. Por lo pronto, comienza a pagar su estupidez: tuvo que ausentarse, obligado por los reclamos, de la magna celebración de la Copa del Mundo que tuvo la Selección Femenina en la paradisiaca isla de Ibiza, en el Mediterráneo.

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