El odio oculto tras el balón

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Que nadie se engañe: el balón no genera odio. La rivalidad futbolera entre equipos no es culpable de la agresividad de algunos aficionados. El sociópata enfundado en una playera con escudo, es responsable único de la ira incontrolable que lo mueve a transferir su resentimiento con la vida, hacia un juego de pelota.

La nota sobre la violencia desbordada en el futbol, que cada semana se muestra con incidentes sin sentido, la dio la semana pasada la árbitra Katia Itzel García, en su condición de víctima. La silbante mexicana sancionó el partido de la Leagues Cup 2025 entre Rayados y Cincinnati. El club de la MLS superó al de la Liga MX.

Un usuario de redes sociales se quejó de su desempeño, cuestionó uno de los goles marcados en favor de los estadounidenses y la amenazó de muerte con palabras soeces. La experiencia dice que ese tipo de intimidaciones no se cumplen en México. Nunca ha ocurrido. Pero deben ser tomadas muy en serio.

García hizo lo correcto al exhibir públicamente la intimidación. Hay que exponer el origen de la violencia. Las amenazas de muerte son un delito que debe ser sancionado igual a cualquier conducta antisocial. Más allá del regaño público hacia el perpetrador, debe imponérsele una sanción para hacerle entender que la sociedad no le permitirá semejantes sandeces.

Este vergonzoso capítulo del futbol cotidiano revela el atraso cultural en algunos sectores de la población. Pese a las numerosas campañas para buscar la igualdad, existen quienes se concentran en permanecer en la prehistoria y considerar a las mujeres ciudadanos de segunda. Conductas como la del potencial matoide y las amenazas a la silbante tienen en el feminicidio su consecuencia extrema. Así va el crimen de odio: la mató solo porque era ella. En su razonamiento está el del supuesto desconocimiento de la mujer de asuntos del futbol, porque al deporte se le ha conocido el juego del hombre; además, a ellas se le menciona como el sexo débil.

En un pasado ya superado se le relegaba a las féminas. Afortunadamente la conciencia social recorre el mundo como un manto esperanzador para cubrir a todos los países con modernidad. Algunas naciones se resisten, por tradiciones que, afortunadamente, van en retroceso para entender el valor del ser humano sin considerar el género. Y si bien aún resta trabajo mayor por seguir y metas por alcanzar, se le da un lugar de iguales a las mujeres, como ocurre en el futbol.

El violento se excusa en una supuesta pasión desbordada para ocultar la imposibilidad para controlar sus impulsos, la intolerancia a la frustración y, evidentemente, su vida vacía. Por eso se escuda en la ofuscación provocada por un resultado adverso, en este caso si era seguidor del equipo derrotado, para proferir esas bravuconadas peligrosas.

En el caso del tipo que lanzó las frases intimidantes al público en redes sociales, como quien arroja excremento en la pared solo para mancharla, ojalá alguien le diga que ya está muy superado el sometimiento del hombre que durante milenios ejerció sobre la mujer, que es asunto anticuado el apartar a las chicas del futbol y que, como broma, proferir amenazas de muerte, ni siquiera es de mal gusto; es únicamente estupidez.

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