¿Por qué corro? ¿Qué sentido tiene correr para mí?
Víctor Frankl, en su libro el Hombre en Busca de Sentido, brinda a la humanidad una de las lecciones más grandes que podemos recibir.
Tanto, que este clásico de la psicología ha convertido a la logoterapia en una de las corrientes más trascendentales de la psicología mundial.
Sobreviviente de los campos de concentración nazis, Frankl sostiene que cuando somos capaces de encontrarle un sentido profundo a todo lo que nos pasa, incluyendo los sufrimientos más difíciles a los que podemos ser sometidos, es muy probable que sobrevivamos para contarlo.
Él mismo demostró que es posible. Qué más ejemplo que lo que vivió en los campos de concentración, cuya desgarradora historia nos narra a través de las páginas del Hombre en Busca de Sentido.
Sobrevivió a los actos más atroces pensando que si en el futuro alguno de los compañeros en el campo de concentración conociera a un familiar suyo, pudiera contarle que luchó hasta al final por sobrevivir.
De esa manera, pensaba, su familia se podría sentir orgullosa de él. Ese anhelo lo mantuvo vivo y le permitió sobrevivir en aquellas condiciones.
¿Por qué corro? Es una pregunta que ya me he planteado en otra columna. Las respuestas para cada uno pueden ser distintas, y todas muy válidas.
Mi respuesta a través de los años tiene cada vez más que ver con los valores que el correr nos desarrolla, y la personalidad interior que cada vez se nos hace más sólida.
Hasta dónde podríamos mejorar en nuestros tiempos del maratón, en nuestro rendimiento, en el disfrute de nuestros entrenamientos, si en vez de pensar en la apariencia, en demostrarle algo a alguien, le encontráramos un sentido mirando hacia nuestro interior.
¿Por qué y para qué me estoy experimentando este sufrimiento? ¿Qué tipo de persona en mi interior me haré a través de este esfuerzo mientras corro?
Entonces la pregunta que me he planteado desde tiempo adquiere un sentido filosófico:
¿Por qué corro?


