Otra vez en la temporada, Tigres se encargó de hacer todo para ganar, menos ganar.
La intermitencia en la cancha, los experimentos tácticos y el empuje de los rivales tiene a los Tigres en zona de clasificación, si, pero con muchas más dudas que certeza y con la posibilidad de que su potencial paso por la liguilla sea efímero.
En esta etapa del torneo ya es más que claro que algunos jugadores simplemente no dan el ancho ni en actitud, ni en garra ni en calidad. Otros, por alguna razón siguen calentando la banca y apenas tienen algunos minutos de participación sin mucho más que aportar.
Si, los grandes jugadores no se dan en macetas; para eso están los recursos, económicos y de inteligencia deportiva que se sabe que los tiene la organización de Tigres, que se reconoce como de las mejores del futbol mexicano.
Ya se había escrito antes que los felinos, de seguir así, están al borde de regresar a la zona de los animadores, de esos que se mantienen en la clasificación pero que rara vez pasan de las semifinales, con todo y la brillante contratación de Ángel Correa.
Lamentable que todo es esfuerzo, dinero, logros y trascendencia que se alcanzó dentro y fuera de la cancha se están diluyendo en malas planeaciones, malas contrataciones y mal manejo de los recursos humanos.
Por cierto, sigue sin levantarse una piedra para el nuevo estadio y sigue sin aclararse la difamación en contra de Robert Dante Siboldi.


