Guido Pizarro

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Es momento de recomponer el camino, de hacer una pausa y reconocer que hay que volver a las bases, volver en busca del Tigres de la década dorada, del equipo que estaba estableciendo nuevos paradigmas en el futbol mexicano.

Guido Pizarro tomó una decisión sensata al renunciar a la dirección técnica del equipo. No había las condiciones para seguir adelante, de hecho, cuando lo nombraron técnico tampoco eran las condiciones ideales, pero el corazón nubló la razón de todo mundo, del mismo Guido y de la afición.

Creo que la directiva lo puso en una situación de mucho riesgo, por tal de justificar sus decisiones con un fin sentimental, que mejor que elegir a una leyenda del equipo, un ídolo. Quién se iba a oponer a ese valor sentimental.

Era el personaje perfecto para olvidar que había sido injusta la manera en que habían salido del equipo Robert Dante Siboldi, Veljko Paunovic, y también injusta la manera en que se marchó Ricardo “Tuca” Ferretti.

Lo más sensato era dejar que Guido terminara su carrera como jugador de otra manera, que disfrutara del año o dos años que le quedaban a buen nivel, y construir un nuevo equipo en base a su juego, a su rol de jugador fundamental, ese que marca los tiempos del equipo, que marca la pauta al defender y también al construir el ataque. Era el jugador ideal para ser la conexión entre una era y otra.

Lo mejor era dejar que se fueran dando las condiciones para que asumiera como técnico de manera natural, de cobijarlo, prepararlo, no así, en medio de tanta turbulencia. En cambio, interrumpieron su proceso como jugador, y no dejaron que madurara el personaje que tiene todo para ser un gran técnico. Quizá lo veremos triunfar en otro equipo o con Tigres en otra etapa.

Es tiempo de recomponer, de reunir a aquellos que se han alejado, porque ahora todo luce desconectado, la generación de ex jugadores que ascendió al equipo en la temporada 1973-74 sentida porque, con justa razón, no se le reconoce a plenitud su papel en la historia.

Las viejas y las nuevas generaciones divididas cuando se decidió sacar del retiro el número 7 de Jerónimo Barbadillo. Los viejos Tigres porque creen que de esa manera se lastimó la historia del equipo, y los jóvenes porque creían que compartir ese sentimiento era ser anticuado, que lo de moda era apoyar la reactivación del 7 y dárselo a Ángel Correa. Ahora unos y otros se sienten decepcionados por la forma en que se marchó Correa al River Plate.

La manera en que se ha puesto fin a la carrera del ídolo, André Pierre Gignac, también ha contribuido a restarle armonía al presente del equipo, con una afición que ha mostrado su sentir respecto a este complicado entorno con  la baja en la venta de abonos.

La falta de refuerzos es apenas la consecuencia de muchos factores que se han encadenado. Es necesario recomponer el camino y unir a todas las piezas de la nación tigre.

Alguien que con pasado en el equipo me comentó hace tiempo lo que podía pasar cuando la afición empezara a medir la labor de Guido como técnico en base a los resultados y no en base al corazón.

Ese día llegó el sábado pasado cuando un sector de la afición abucheo al momento en el que el sonido local nombró a Guido Pizarro.

Creo que Guido entendió que era mejor hacerse a un lado a tiempo antes de ser el nuevo sacrificado en medio de un entorno muy complicado.

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