Seguramente muchos aficionados a los toros, defenderán a capa y espada su agrado por la Fiesta Brava y dirán que su gusto lo basan en que es una expresión artística con cientos de años de existencia, afirmando que es parte de la tradición cultural de Hispanoamérica.
Afirmarán que de momentos taurinos hicieron parte de su obra artistas como, Francisco de Goya, Salvador Dalí y Pablo Picasso por citar algunos y que “los toros” han formado parte de la literatura a través de las “plumas” de García Lorca, Rafael Alberti, Renato Leduc, Pepe Alameda y muchos más, no obstante lo anterior y aunque nos duela debemos decir que la tauromaquia, en esta tercera década del siglo XXI está muy cerca de desparecer “ya que su esencia viene del pasado y parece que al futuro no le interesa”.
Como taurinos hemos señalado que la fiesta brava, es un espectáculo y manifestación popular muy antiguo y de gran tradición, que ha generado al paso del tiempo una gran cantidad de empleos y por ende una derrama económica muy importante para todos los involucrados.
Cabe señalar que los taurinos tienen además su derecho a ser “aficionados” y ejercer su acudiendo a los festejos, ejerciendo su libertad basada en la constitución al ser personas con derechos y obligaciones, pero, ni con todo ello, pareciera detenerse la “caída libre” de la fiesta brava mexicana, particularmente en nuestra ciudad regiomontana, prueba de ello es el poco público que se ha dado cita en las plazas de toros de la región.
Desafortunadamente la fiesta taurina sigue siendo vapuleada por las leyes del país, mismas que le han propinado “un serio revés”. Cabe señalar que ahora mismo la Constitución General de la República reconoce a los animales como seres sintientes confiriéndoles derechos, valiéndose los grupos anti taurinos de ello, para promover recursos legales, pidiendo la cancelación y/o el veto de los festejos taurinos.
Por otra parte son varios estados de la república los que contemplan como delito el abuso en contra de los animales y refieren la prohibición de todas las formas de maltrato animal, aunque en este supuesto legal no se encuentran, las peleas de gallos y las corridas de toros, no obstante que entidades federativas como Sinaloa, Guerrero, Coahuila y Quintana Roo han prohibido de manera definitiva la celebración de festejos taurinos en sus territorios.
Todo indica que la tendencia es irreversible en contra de la fiesta brava, aunque no podemos descartar alguna posibilidad de reivindicación y que vuelva a ser, un evento atractivo para un público determinado.
En España por ejemplo la fiesta de los toros ha tomado un nuevo aire, donde los jóvenes están regresando a las plazas bajo el imán que ha tenido el joven peruano Andrés Roca Rey quién con su toreo de entrega y espectacularidad y con sus sonados triunfos ha hecho que nuevos aficionados acudan a los festejos por el simple hecho de verlo torear.
Los triunfos de Roca Rey en los ruedos han repercutido favorablemente en la difusión que le han dado los medios especializados en toros, y también los medios de comunicación en general, provocando el interés del gran público en el joven torero y en las corridas de toros.
Roca Rey sin duda alguna, se ha identificado con quienes representan la “nueva afición” es decir los jóvenes que lo han adoptado como un “ídolo actual” moviendo positivamente a la nueva afición taurina española.
Quizá lo que sucede en España, pudiera darse en México siempre y cuando tengamos ese torero que cause sensación dentro y fuera de los ruedos haciendo que los públicos regresen a las plazas, pero, y dónde está ese torero que interese al público y que tenga en eco en los medios?
Quizá ese torero pudiera ser Isaac Fonseca, pues su fuerte personalidad, por su entrega y enorme afición y por todos sus logros en España pueda en algún momento “estallar” a favor de la fiesta de los toros y con ello regresar a los antiguos y nuevos aficionados a las plazas e iniciar con ello una nueva época del toreo mexicano.
Pero para que esto se dé, la misma afición y los medios de comunicación, deberían hablar de los nuevos toreros, destacando su afición, triunfos y expectativas, para generar el interés en la fiesta que desgraciadamente se ha perdido.
Además de Isaac Fonseca tenemos en México toreros que pueden encender la flama de una nueva época como por ejemplo, Diego San Román, Leo Valadez, Ernesto Javier “El Calita”, Arturo Macías y desde luego nuestro paisano Juan Fernando quien con un “bajo perfil” se ha venido posicionando como un matador de toros triunfador y que desafortunadamente no se le ha dado el impulso suficiente faltándole, apoyo, reconocimiento y difusión de sus triunfos en el ruedo. El nuevo grupo de toreros mexicanos podrán en un momento hacer que la gente regrese a los toros, pero para eso se requiere más apoyo e inteligentes estrategias de promoción y difusión.
Aunado a ellos se deberán ajustar o corregir otros elementos y engranes en la planeación y ejecución de los festejos, pero de que hacen falta “campanazos” de los jóvenes toreros no hay duda.
Destaquemos los logros en España y México de nuestros jóvenes, olvidémonos de lo que ya pasó, no vivamos del recuerdo y de la añeja estadística, hagamos de la fiesta un espectáculo que interese al futuro y dejar por fin el pasado.


