La noche entra en su fase más profunda. El reloj agotado toca ya casi la una de la mañana.
Hemos encontrado a Ricardo “Tuca” Ferretti en el lobby de un hotel, tras un evento familiar. Es el año 2017. Voy en compañía de Felipe Guerra, mi gran amigo y ex compañero de transmisiones en ESPN Radio.
Incómodo en un principio, “Tuca” responde a mi saludo de mala manera. Increpa.
“Tienes 20 años de conocerme y siempre me haces las preguntas que sabes que me molestan”, me dice.
-¿Cuántos años tiene usted en el futbol, le reviro.
-Más de 50, me responde.
-Lo que trato de hacer con mis preguntas es tratar de aprovechar toda esa experiencia que tiene usted, le digo.
Baja la guardia. Sonríe.
“Desde niño siempre he tenido un problema, soy muy impaciente. Siéntate”, me dice, “ya me cansé de estarte viendo hacia arriba”. Hasta ese momento Ferretti ha estado sentado en el lobby y yo de pie.
Empieza una conversación conmigo y con Felipe, que se extiende hasta cerca de las 4 cuatro de la mañana, en donde manera amena toca diversos temas.
-¿Sabes por qué nunca elogio a los jugadores en las conferencias?, confiesa.
Él mismo responde que es parte de su manera de manejar a tantas figuras, lo que no es nada fácil.
Una pista de una parte de la gestión de Ferretti durante esa época dorada. Muchos le han quitado mérito a sus cinco títulos de Liga, por contar con un plantel de gran calidad, pero se olvidan que no cualquiera tiene el temple, el carácter y el “colmillo” de hacerlos jugar como equipo.
Ahí está la respuesta acerca del tipo de técnico que Tigres debe buscar de manera permanente.


