Se acabó la fiesta en México y todos volvimos a lo nuestro. La Copa Mundial de Fútbol, sigue pero para los mexicanos ya no importa nada.
Nos quedamos con el esfuerzo del equipo azteca que hizo un gran partido ante Inglaterra y se llevó los elogios del mundo del fútbol.
Los jugadores ingleses reconocieron la calidad de juego mostrado por los mexicanos. En el medio del fútbol, de gente que sí le sabe, le dedicaron muchos comentarios de reconocimiento porque plasmaron en la cancha su calidad, una calidad que no le alcanzó, que no fue suficiente para superar a los británicos, pero sí para llamar la atención del mundo.
Y el Mundial sigue, le digo, con la novedad que el presidente de los Estados Unidos, un tipo verdaderamente desquiciado intervino ante la FIFA para que le quitaran la suspensión por expulsión a Folarin Balogun.
Y uno entendería que en su demencia senil lo hiciera, pero que la FIFA accediera a hacerlo, es algo verdaderamente escandaloso.
Ya no se cuidan las formas, el cinismo rampante de esos tipos que mueven los hilos de la mafia futbolera mundial es impresentable.
La FIFA o la comisión de Árbitros que dirige Pierre Luigui Collina, pudieron lanzar un comunicado –que nadie les iba a creer– para levantar el castigo aduciendo, tal vez, que no fue una lesión de consecuencias graves.
Pero nada. El enorme ego del mandatario afloró de nuevo y le levantó las faldas a los fifos al anunciar en sus redes a grito abierto, que él exigió que le quitaran el castigo. ¡Pfff!
Balogun alineó ante Bélgica, pero no les sirvió de nada.
Los hechos dicen que, con todos los de Concacaf fuera de la competencia, vamos dos pasos atrás del resto de las selecciones de primer nivel. Y me refiero a EU, México y Canadá. El resto de Centroamérica y el Caribe viene tres cuadras atrás.
No solo la FIFA está cometiendo muchas barbaridades con la manipulación del VAR, el manejo del reglamento que se aplica a uno de una forma y a otros, de otra. Depende de la camiseta, el color de piel de los jugadores, si son asiáticos, africanos o caribeños, les puedes cargar la mano sin compasión. Nadie los va a defender.
La televisión está cooptada. La tiene amarrada, y si critican a la mafia de la FIFA les pueden quitar la acreditación. Todos están controlados, por lo menos lo que transmiten para México. Un comentarista de TUDN se alcanzó la puntada de decir que no repetían las jugadas polémicas “porque la gente tiene que comprender que el juego está muy intenso y no se puede interrumpir”.
Lo que no dijo es que la señal la maneja FIFA y no les mandan las repeticiones porque no les conviene exhibir a ciertos equipos, en ciertas acciones.
Cuando el DT de Egipto desplegó una bandera de Palestina en medio de la cancha, tras su pase a Octavos, de inmediato fue un tipo de Seguridad a decirle que la escondiera y lo sacaron de foco.
Muchas otras cosas pasaron, no terminaríamos de enumerarlas, comenzando con lo que le hicieron a Irán, de no permitirle pernoctar en Estados Unidos luego de juego y tuvieron que irse del país escoltados por policías en la madrugada hacia su refugio Tijuana. jamás las televisoras le dieron suficiente atención a esos casos.
Pero la publicidad hipócrita de FIFA contra el racismo sí le dieron mucho vuelo.
Más allá de tantas irregularidades administrativas y logística, lo que pasó en la cancha fue total y absolutamente deplorable.
Esperar a que un jugador argentino fuese atendido en la banda y no reanudar el juego hasta que se reincorporara en un tiro de esquina, fue un total descaro para favorecer a los sudamericanos.
Pareciera que ya es muy evidente el romance entre el presidente de FIFA y el que trae la 10 de los argentinos. Podría no ser cierto, pero esa impresión da.
De otra forma no te explicas como manipulan todo, por ejemplo el camino que le diseñaron para que solo enfrentara rivales débiles hasta cierta ronda.
Aun así, los árbitros vendieron su dignidad para ayudar a esa selección que robó dos de las tres Copa del Mundo que posee y la otra se la regaló la mano de Dios.
Es difícil explicar cómo sucede tanta atrocidad, bueno yo sí me lo explico.
Este negocio del fútbol no tiene nada que ver con el deporte. Esto lo manejan entes (de los cuales Infantino es un gato) de muy arriba –o muy abajo–y tiene que ver con el robo de la energía que producen los estadios de 80 mil almas que gritan porque ganaron o lloran porque perdieron. Toda esa energía los alimenta, pero esto es algo para lo cual mucha gente no está preparada para escuchar o leer.
Por cierto, el Ojo que todo lo ve, que formaba el escudo central y la forma de las banderas hechas así ex profeso para dar forma a ese ojo gigantesco, al inicio de cada partido, era con toda saña. Nada es casualidad…
Pero… vamos a seguir fingiendo que solo es un juego de fútbol…


