Sir Alex Ferguson fue entrenador del Manchester United por 27 años, en la Liga Premier de Inglaterra. Lo ganó todo con los Devils y puso en sus vitrinas 38 títulos. Pep Guardiola se le aproxima en cantidad de galardones, pero no en longevidad, con una camisa, pues estuvo seis años con el Barcelona, en su época celestial.
Aunque Ferguson es el entrenador unido a un solo equipo más famoso, el récord es del francés Guy Roux, que estuvo con el Auxerre, de la liga gala, durante 44 años.
Allá en Europa es donde se cultiva la relación prolongada de director técnico y equipo, con matrimonios dilatados que van más allá que lo que recomienda el sentido común. Allá la convivencia entre el entrenador y el jugador es armónica y se lleva bien, en muchos casos de éxito.
Acá en México se da el fenómeno de la inmediatez. Quienes ocupan lugar en el banquillo son desechables como los pañuelos Kleenex.
Fernando Ortiz, acaba de llegar a Rayados, como bombero, y los aficionados, ansiosos, ya quieren títulos. Un sector de la fanaticada demanda su cabeza y pide el regreso de Víctor Manuel Vucetich, que fue despedido para darle su lugar.
Hablando de períodos recortados, hay que recordar que Vuce es el técnico con menos juegos al frente de la Selección Mexicana. En la eliminatoria para Brasil 2014 se le convocó y solo se le dejó dos partidos, antes de darle las gracias, con unas formas muy desaseadas, lo que provocó el disgusto del tamaulipeco.
En México los equipos castigan sin misericordia a los adiestradores. Se les demandan resultados inmediatos, que obtengan reconocimientos y gallardetes como quien prepara tostadas en la Plaza. Suponen sus patrones que van a echar polvos mágicos en el vestidor para hacer que su once funcione. Los presidentes de los equipos y demás directivos, se asocian con representantes, traen nombres rimbombantes para llenar el cuadro con algunas estrellas, pero se mueven sin planeación. Y, aun así, demandan éxito.
A Hernán Cristante, con el Querétaro le regalaron apenas diez juegos del Apertura 2022, para que se tomara su tacita como entrenador entre los Gallos Blancos. No le permitieron mostrarse. Llegó a entrenar y, un día, sin aviso previo le dijeron que pasara por sus artículos a su oficina.
Los equipos no pueden ofrecer resultados sin planeación, a menos que se enrachen en un golpe de suerte. Parece que fue lo que ocurrió con Daniel Guzmán, que hizo campeón a Santos en el Clausura 2008. Pero como estratega nunca consiguió recuperar la jerarquía de aquella temporada de ensueño.
Los clubes, muchos de ellos, movidos por la necesidad de taquilla, son aconsejador por la impaciencia y no esperan a que cuajen los proyectos. El que pierde tres veces es pasado a la guillotina. Los inversionistas y dueños de las franquicias, no tienen mucho cuidado con la rotación de adiestradores. Saben que, por formación, los aficionados se contentarán e ilusionarán si hay una seguidillas de éxitos, aunque sea a la mitad del torneo.
Rayados se acaba de reforzar, luego de ser eliminados en la Liguilla pasada por Tigres. La derrota le costó el puesto a Vucetich. El presidente Tato Noriega, para contentar a la tribuna, se fue de pesca al extranjero por jugadores con cartel. Su gran adquisición esta temporada fue el español Sergio Canales, que se presentó eliminando a Tigres, en la pasada Leagues Cup, que enfrentaba a clubes de las ligas de México y Estados Unidos. Pero fuera de eso no ha hecho mucho, el ibérico. Porque en ese torneo fueron eliminados en semifinales.
Ahora Fernando Ortiz tiene la presión encima. Acaba de perder el Clásico Regio 3-0. La afición le cae encima. Quiere resultados inmediatos, no tolera que el vecino de la ciudad se burle, no quiere ver más campeonatos de los felinos. Le urge a La Pandilla meterle más estrellas al escudo.
Pero no hay paciencia, ni visión en un proyecto. Ricardo Ferretti, que llevó a Tigres a su etapa dorada, la década pasada, en su primer torneo ni calificó. Pero le tuvieron paciencia. Una programación balanceada a mediano plazo hizo que pronto arrojara réditos. En diez años le dio cinco Ligas a los felinos, nada mal, para un circuito en el que los entrenadores duran, en promedio, dos temporadas.
Noriega, que ha llegado con sangre nueva a las oficinas del Monterrey, está pensando en un proyecto largo. No creo que vaya a deshacerse del actual entrenador argentino, solo porque en este intento no levantó la anhelada copa. Lo que se espera es que vaya cultivando la semilla del triunfo con una buena planeación, evaluación de resultados y confianza en el futuro.
Rayados tiene un buen plantel. Si dejan que florezca el plan para armar el equipo, pronto habrá cosecha.


