Cuando Jackie Ovalle corre, vuela. Sus movimientos son tan veloces, que mueven a suponer que antes de entrar a la cancha se engulle un litro de café, para moverse con nervios alterados. Es un deleite ver a la jugadora de las Tigres transitar por la banda izquierda, como si se moviera sobre una motocicleta que derrapa con pericia, para agarrar velocidad en las curvas.
La Maga es la jugadora más espectacular de la Liga MX Femenil. Aunque hay otras que han demostrado ser brutales homicidas en el área, ella es, más bien, una artista de la aniquilación, que emplea trazos rápidos, cortos y largos, para provocar sufrimientos de impotencia en las arqueras. Es dueña de una habilidad, sin parangón en el país, para alcanzar la línea final y marcar con la pelota vectores retrasados, de líneas punteadas, para que firmen la jugada sus socias que merodean el área.
Nacida en Aguascalientes, de 23 años, Lizbeth Jacqueline Ovalle Muñoz, ha desarrollado toda su carrera con el equipo de la UANL, al que llegó cuando cumplió la edad legal para tramitar la credencial para votar. Inició su carrera en el balón profesional desde prácticamente el inicio de la joven Liga de mujeres, lo cual significa que ha atravesado junto a Tigres por alegrías y penalidades en la exitosa trayectoria del equipo en el circuito. Desde que fue inaugurado el torneo, en el segundo semestre del 2017, las felinas han estado en ocho de las 10 finales que se han disputado, incluida la de este Apertura 2022, contra América. Antes de que se defina esta serie por la corona del torneo, las de la U se han llevado el gallardete en cuatro ocasiones.
Es de talla pequeña, de 1.62 metros de estatura, pero con liderazgo y carácter. Con frecuencia grita demandante en la cancha y muestra la dentadura perfecta. Dueña de la banda izquierda, la playera 14 parece una siete pulmones, porque no se cansa nunca. Delgada, de hombros altos y piernas delgadas, va y empuja hasta que saca el centro, cerca de la raya. Con el cabello largo, recogido hacia atrás, permanentemente pide la pelota y se mete en el área. Su truco mortal es pisar el balón y adelantarlo, pisar y pasarlo, o hacer como que se detiene para arrancar. Jackie se desplaza con una revolución diferente, con motor alterado. Se ve en la cancha como si se moviera en cámara rápida de 16 fotogramas por segundo. Le gustan los espacios largos y, cuando termina la jugada regresa a la carrera para asumir la posición defensiva de la transición. Es fauleada con frecuencia, pero es inmune al teatro y, adolorida y todo, se levanta como puede, para seguir. Por su determinación de buscar el arco, la vehemencia con que se enfila al área rival, hace que sus actuaciones se degusten en forma de futbol puro, como si nos diera a probar un tequila fuerte de esencias dulces.
Es el Mundial Sub 20 de Francia 2018. El Tri enfrenta a Brasil, en fase de grupos. Ovalle, con la camiseta verde, está a perfil cambiado. Se coloca en el pico del área por el lado derecho y, al minuto 51, recibe, bombeado, un pase largo que le cae de un bote. Con el empeine de la izquierda mágica duerme el balón. Cuando quiere arrastrarlo, se le queda atrás, pero recompone. Ya tiene a la defensora encima. Entonces, utiliza su arma letal, que es mover la bola y hacer como que se detiene sin detenerse. Como dice Valdano: fintar es engañar con todo el cuerpo. La zaguera ha mordido el anzuelo y cuando quiere sacárselo, ya es tarde. La Maga le ha ganado por una fracción de segundo y ha cargado el arma. Luego de apuntar, en la misma acción dispara Por milímetros libra la pierna de otra rival que intenta bloquear el plomazo. La pelota viaja veloz, hacia el ángulo izquierdo y se interesa en la meta, justo abajo del vértice que forman el poste y el larguero, en una abertura de 90 grados. La arquera, ataviada con un conjunto completo de verde fosforescente, se lanza con majestad, pero mano izquierda enguantada poco puede hacer para contener el fogonazo. Se agradece que haya participado con el vuelo magnífico, para enmarcar el que es denominado el gol más bello del torneo.
Hay una estampa con la que me quedo de la zurda hidrocálida. En la vuelta, de la semifinal del presente torneo, Tigres y Rayadas jugaron el partido más emocionante de la temporada, en el Estadio BBVA. Las felinas avanzaron, pero lo que se vio esa noche de tormenta fue un encontronazo entre los mejores equipos del circuito.
Rayadas aventajó en el minuto 5, pero Tigres empató al 38. Con ese marcador avanzaban las felinas, pero no podían confiarse. Entonces vino la jugada de la noche. Al 78, en tiro de esquina, luego de rebotes, queda la bola muerta afuera del área chica. El aguacero le proporciona un aliento dramático a la escena. La felina Fischel se barre, para empujarla, y el balón rebota en el palo de la derecha y regresa suavemente, dando botes mansos. Sin marca, Ovalle contempla la mesa servida. Un banquete la espera, pero nadie quiere acompañarla. Entonces toma la determinación de apropiarse de los manjares y empuja la redonda suavemente a la red, con parte interna del botín. Ese gol vale por toda la temporada, porque les dará el pase a la Gran Final.
La Maga corre entonces a la esquina de la cancha. Celebra el gol ensopada por la lluvia. Las compañeras le saltan encima, la abrazan agradecidas. Señala con energía el suelo que pisa, el césped que reclama como suyo, el territorio del rival, el Estadio BBVA donde, una vez más, ha colocado su bandera de conquistadora.


