La obsesión por los 40 minutos

Últimas Noticias

Para cuando he llegado la línea de salida del 10K Coyotes, a la altura de Cumbres Elite, ya son varias las advertencias sobre lo demandante de la ruta, comprendida por desafiantes subidas y bajadas.

Es el domingo 26 de febrero, la mañana es fresca aún, aunque el calor amenaza con aparecer en cualquier momento.

Por cuestiones de trabajo he dormido poco. Desde mi época de reportero algo pasa con mi mente cuando trabajo hasta tarde, que tarda en desactivarse para poder irme a la cama, a veces sin dormir hasta ya casi el amanecer.

Quizá otros reporteros compartan conmigo algo de esta experiencia, en especial cuando se cubre un partido de futbol como enviado a otra ciudad y toda la cobertura está a cargo sólo de ti.

Llega un momento en que la mente alcanza un grado de concentración tan alta, que eres capaz de retener la imagen de una jugada polémica en tu mente como si la hubiera retratado una cámara, sin necesidad de ver la repetición.

En ese estado eres también capaz de grabarte alguna frase de manera exacta palabra por palabra, de que te ocurran las preguntas más profundas en un instante, y de escribir la nota tan rápido y con una lucidez como si alguien te la estuviera dictando.

El precio que tienes que pagar, sin embargo, llega a la hora de dormir, porque tu mente ha alcanzado un grado de lucidez que te impide desconectarte, y por lo tanto dormir.

¿Como corredor, algún día mi mente alcanzará un grado de lucidez parecido al de las coberturas de los partidos de futbol, como para sacarle el mayor provecho a la ruta?, tomando en cuenta que cada día me doy más cuenta de lo que pesa el aspecto mental en las carreras.

Pero volviendo al 10K de Coyotes, la motivación con la que me he levantado esa mañana empieza a ceder un poco a medida de que escucho sobre el desafío de los famosos columpios que comprenden el recorrido.

La ilusión por bajar por primera vez a los 40 minutos, en los 10K, meta que me ha puesto mi entrenador Tomás Castañeda, me despierta cierta adrenalina. La última vez me quedé en 41, muy cerca de la meta.

¿En dónde empieza y termina la realidad? ¿hasta dónde empiezan y terminan las trampas de la mente?

Como siempre, mi entrenador mi pide que salga fuerte. Así lo hago, pero apenas en el primer kilómetro empiezo a pensar que aquello de lo pesado de la ruta no es una trampa de la mente, sino una realidad.

Las piernas me pesan y los músculos parecen a punto de reventar, muy pronto para tratarse apenas del arranque, que comprende una larga pendiente.

Pero pronto los columpios llegan como un regalo, porque en las bajadas descanso y en las subidas parezco tomar fuerza, en una subida de adrenalina que me permite ver como emocionante el recorrido.

Viene una bajada larga, intento detenerme un poco, pero el declive me arrastra, por un momento temo perder la vertical, pero me sostengo. Sé que en el regreso ese tramo me lo cobrará en forma de una cruel subida.

Los cinco kilómetros de regreso me parecen un suspiro, en los últimos tres aparece en escena un corredor que me toma como referencia para medir su ritmo.

Me rebasa, después yo lo rebaso, pero no se deja, y mete un sprint final que le permite cruzar la meta unos segundos antes que yo.

Le agradezco el tirón, porque le ayudé y él me ayudó a cerrar con mejor ritmo.

Un tiempo de 43:16, dice mi Garmín, aunque por la adrenalina y por encontrarme a unos amigos reporteros en la meta, lo detengo hasta segundos después, alguien comenta que esa ruta tan demandante suele aumentar dos minutos tu tiempo normal en 10K.

Escucho que el tradicional 10K de Coyotes, que se ha corrido en su edición 37, está en riesgo de no volverse a realizar.

Pienso que la tradición de sus desafiantes pendientes debe ser una fecha imprescindible en el calendario.

¡Que siga siempre!

Me doy cuenta, además, que a pesar de lo demandante de la ruta, no sufrí tanto el cierre como en el mes de octubre en la Macroplaza cuando logré mi mejor tiempo, al registrar 41 minutos.

¿Es buena señal?

- Anuncio -

Columnas

- Anuncio -