Argentina y Messi nos han demostrado que llega más fuerte al tramo final del Mundial, quien aprendió mejor a sufrir.
El sufrimiento, por sí solo, está claro, no es una condición necesaria para la victoria, pero vaya que ayuda a curtirse para enfrentar los desafíos más apremiantes.
Argentina empezó el torneo de lo peor manera posible. Con una derrota ante Arabia Saudita, el partido que prometía ser un día de campo, con tres goles que le anularon por fuera de lugar, en la primera parte, de pronto se tornó en una pesadilla. Una derrota de 2-1 que nubló el panorama e hizo pensar que albiceleste estaba al borde del fracaso.
Y mientras la Argentina de Lionel Messi y el “Dibu” Martínez se apegaba al discurso de los estoicos, Brasil y Españal, con un futbol edonista, apegado al placer, al disfrute, avanzaban aparentemente sin problemas hacia la Final del torneo.
La España juvenil y futurista masacró 7-0 a Costa Rica, en su presentación, y Brasil llegó a Octavos de Final apenas sin despeinarse, para pulverizar a Corea del Sur, 4-1.
Hasta entonces, España y Brasil eran los equipos que mejor habían jugado en la Copa del Mundo de
Qatar 2022, pero su corazón no se había endurecido lo suficiente cuando llegó la hora de enfrentar el alma curtida de Marruecos y Croacia, que los eliminaron en partidos lo suficiente afilados como para parecer una metáfora de la guerra. España se marchó en Octavos y Brasil lloró en Cuartos. La alegría no atemperada con el valor del sufrimiento, suele producir individuos débiles ante la adversidad.
Cuando escribo estas líneas aún no se habrá disputado el partido Francia vs Marruecos, pero llegue quien llegue a la Final para medirse a Argentina, también traerá en sus genes el fuego interno de siglos de sufrimiento, producto de la colonización y las oleadas migratorias, una alquimia que ha producido una interesante raza futbolística, a uno y otro lado del Mediterráneo.
Los marroquíes que viven en España celebraron con euforia la victoria ante la Furia Roja, como si en ella saldaran las cuentas pendientes que la raza europea le tiene con sus antepasados, que salieron de su país dispuestos a trabajar y soportar lo que fuera, todo por un mejor futuro.
En la Francia africana, los siglos de colonización y oleadas migrantes, se expresan en futbol muy físico, pero técnico, esos los hace peligrosos en el batalla cuerpo a cuerpo, pero también muy difíciles a la hora de comprender el juego.
Allí el sufrimiento no está presente a flor de piel, pero sí en la genética de la mayoría de sus jugadores, que tienen origen africano.
La suerte de Messi, en cambio, ha sido diferente. Si bien en su infancia debió enfrentar las carencias y un padecimiento de salud, futbolísticamente nació entre la realza, entre pañales de seda, predestinado a convertirse en el mejor futbolista del mundo. Un miembro de la realeza, sin embargo, que debió aterrizar en el mundo, saber de las miserias de la derrota con la playera del albiceleste, para endurecer su corazón y asumir el liderazgo de los suyos, en su última oportunidad para ganar la Copa del Mundo.
Después del golpazo ante Arabia Saudita, México y Polonia (en grupos), Australia (en Octavos), Países Bajos (En Cuartos de Final, en penales), y Croacia (en Semifinales), vieron a Messi ir creciendo con la bandera de los estoicos, para instalarse en la Final


