Los Tigres le ganaron el juego de ida en la semifinal de Concacaf al León. Qué bueno para la ciudad y para el futbol regiomontano. Para el equipo universitario, aún está por verse.
Aunque mínima, la ventaja que los Tigres se llevan al bajío representa mucho más que solamente un gol en una eliminatoria. Esta es la oportunidad de soñar con una nueva final, la primera en la era post-Tuca y la posibilidad de salvar una temporada de pesadilla para afición, jugadores y directiva.
En un análisis tribunero, que la UANL pueda regresar a un mundial de clubes emociona. Al ser esta la última edición que se jugará en formato de siete equipos, la ilusión de que el conjunto mexicano pueda dar de nuevo la campanada y colarse a la final contra el campeón de Europa para igualar su debut en 2020 sería increíble, pero en las circunstancias actuales de los universitarios se antoja más para quedarse en el camino.
Igualmente populachero es destacar que Tigres sigue en la pelea por el título de la Liga MX, un campeonato donde la mediocre decisión del repechaje abre la ventana para que el lugar 12, jugando a tope, con la suerte de su lado y el arbitraje rebasado pueda quedarse con la copa. Bajo esas condiciones, la UANL está a la par que los 11 restantes que van a calificar. En la realidad, hay por lo menos cuatro equipos arriba que se ven mucho más sólidos para levantar el trofeo.
Con un poco más de seriedad, el análisis de donde se encuentran los Tigres exige que la semifinal de Concacaf y la clasificación al repechaje se vean con un lente crítico y realista, en el que se entienda que ganar la ida al León y asegurar un lugar en la liguilla implican más chispazos de calidad que el desarrollo competitivo de una de las platillas más caras del continente.
Ganar como sea y pidiendo la hora no debería de ser la regla en Tigres. Con el equipo que se tiene se debería de ganar con forma, con fondo y contundencia. Es cierto que el desfile de entrenadores que se ha tenido desde la salida del “Tuca” no ha permitido el rediseño estratégico que aproveche a los veteranos y potencie a los jóvenes, pero con la capacidad, la experiencia y la base de talento que existe, algo diferente debería ocurrir.
A como se han dado las cosas, seguir ganando puede ser engañoso, porque maquillaría una temporada donde la realidad ha sido que la mayoría de los refuerzos no respondieron, los entrenadores no pudieron, los veteranos se cansaron y a los directivos les picaron los ojos. ¿El rescate? Sacar la calidad con orden y contundencia.
Lo bello del deporte es que del engaño a la hazaña han solo un paso. Habrá que esperar para saber de cual lado los Tigres cerrarán los torneos.
Horacio Nájera es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UANL y maestrías en las Universidades de Toronto y York. Acumula 30 años de experiencia en periodismo, ha sido premiado en Estados Unidos y Canadá y es coautor de cuatro libros.

