Lo bueno, lo malo y lo feo

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Lo bueno

La resilencia, la inteligencia y la experiencia de los Tigres para reponerse a una temporada difícil, a una clasificación apretada y a una final cuesta arriba. La veteranía de la columna vertebral de los felinos fue complementada con jóvenes talentosos que en los momentos decisivos empujaron cuando había que hacerlo.

La dirección técnica de Robert Dante Siboldi. Convencer a un equipo que ya pasó por tres técnicos en un año para que recupere su memoria ganadora no es cosa fácil. Posiblemente algo habrá tenido que ver el pedigree deportivo de Siboldi como portero en las buenas y las malas con Tigres para influir en el vestidor. Quizá el trato con los jugadores, quizá el acomodo de las piezas o quizá la eficacia de la estrategia fueron puntos a favor del uruguayo, quien supo leer los tiempos de los partidos y mover sus cambios para sacar los resultados. Justo es mencionar que a Tigres le jugaron toda la liguilla a cuidar el marcador, un grave error considerando la calidad del hoy equipo campeón.

La variedad ofensiva. Esta fue por mucho, la peor liguilla de André Pierre Gignac desde que llegó a San Nicolás. Afortunadamente para el equipo, el arsenal es vasto y con el inspirado cierre de Sebastián Córdova el triunfo llegó. Habrá que esperar si el resto de los que han llegado también explotan.

La juventud. Los canteranos y los refuerzos que llegaron comenzaron intermitentes, pero en algunos momentos importantes sacaron la garra y contribuyeron a que los veteranos pusieran la experiencia y la sabiduría en la liguilla. Sin duda que los retiros de Nahuel, Pizarro, Carioca y Gignac serán duros en la moral del equipo y del aficionado, pero si la directiva se aplica y los jóvenes se crecen, el duelo puede ser breve.

Lo malo

La irregularidad del equipo. Los cambios en la dirección técnica afectaron sin duda, pero hubo jugadores que en la temporada regular se quedaron cortos, y eso les costó puntos. La próxima temporada algo debe de cambiar para que la maquinaria auriazul funcione con mayor regularidad, especialmente en la dosificación de cargas entre los veteranos y el manejo de los partidos donde a Tigres le jueguen a presionarlos.

La directiva. Cemex tendría que ajustar algunos tornillos en los mandos de Sinergia para evitar otro ridículo como el que se hizo con contratación de Diego Cocca. Se esperaría que Mauricio Culebro y el resto del liderazgo felino algo habrán aprendido de lección con ese episodio bochornoso.

Lo feo

Luis Quiñones y su pobre inteligencia emocional que por poco le cuesta a Tigres jugar la final con uno menos. Las rabietas infantiles de patear el balón y mentarle la madre al juez de línea bien le hubieran costado la roja directa y dejar a su equipo en la lona.

La prensa deportiva. Analistas, reporteros y conductores locales y nacionales siguen en caída libre, seducidos por la popularidad efímera del internet y lejos de los principios básicos del periodismo. Desde teorías de la conspiración hasta polémicas muy, muy baratas siguen plagando las redes sociales, arrastrando a los fanáticos que aplauden la gritería del otro lado de la pantalla.

La afición y el gobierno de Guadalajara que facilitaron las condiciones para que el camión de Tigres fuera apedreado al llegar al estadio Akron. Igualmente reprobable es que la mediocre directiva de la liga siga sin castigar más enérgicamente esta o cualquier otra manifestación de violencia que ocurra dentro y en los alrededores de un estadio de futbol.

El estadio imaginario de los Tigres…

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