Me da mucho gusto que el pasado domingo haya iniciado la NFL.
Aunque debo reconocer que soy un aficionado promedio -es más, ni siquiera tengo un equipo que pueda decir al que le voy de manera consistente-, disfruto mucho los domingos al mediodía siguiendo los partidos de la jornada. Aún así, cuando se trata de hablar del juego, creo que me defiendo.
Puedo decir con sinceridad que me emocioné con el empate entre los Texanos y los Colts y disfruté como enano el choque entre los Bengalíes y los Acereros.
Por supuesto, como tengo a mis sufridos amigos Vaqueros, no perdí la oportunidad de tirarles carrilla por la nueva derrota y cómo, todo parece indicar, que la temporada se les ha ido al caño con la lesión de Dak Prescott.
Es más, y eso lo digo con cierto orgullo, desde hace más de una década mi esposa y yo podemos presumir que no nos hemos perdido una sola emisión del Super Tazón donde, de unos años a la fecha, hemos incluido a nuestros compadres Chano y Yeni, con quienes disfrutamos una tarde de comida, cerveza y tacleadas.
Podrá haber quienes me acusen de Villamelón porque no traigo tatuado a un equipo en la parte inferior de la espalda pero, como les digo, mi afición por la NFL tiene mucho tiempo y, ultimadamente, no tengo que andar defendiendo mis gustos ante nadie.
En fin, estoy muy contento porque haya regresado la NFL porque me da un respiro del asqueroso ambiente que de vive en Monterrey alrededor del futbol, mismo que tengo que soportar más por cuestiones laborales que otra cosa y el que ya he criticado en muchísimas ocasiones.
Si, ya sé, en el americano también hay aficiones tóxicas pero, estarán de acuerdo, no son tan ruidosas como el chicharrón que retumba en la Sultana del Norte alrededor de Tigres y Rayados.
Y conste, no me estoy poniendo de mamón diciendo que la NFL es mejor que la liga mexicana, que quienes disfrutamos el americano somos una especie superior a los panboleros y todas esas jaladas que sueltan algunos que comparten mi gusto por el emparrillado.
El futbol me encanta, disfruto ver la Liga MX con todo y el nivel que muestra que casi siempre está para llorar; el problema es que el ruido alrededor de ella, me ahoga, me fastidia.
Por eso agradezco la bocanada de oxígeno que es el americano, revive mi vena de aficionado de sillón, como firma mi compañero Daniel Garza.
Bienvenido sean entonces los domingos pegado a la tele, siguiendo la NFL.

