Puras fallas…

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Cuando más nublado estaba Tigres y no hallaba la puerta, tuvo que venir el señor Gignac de la banca para poner orden, acomodar las fichas en su sitio y finiquitar el partido.

El Monterrey tomó aire hasta el tercer episodio de la novela cuando ingresó Ocampos; Canales se tiró un poco atrás y recordaron que teniendo el balón, el rival tiene que bailar si tu pones el son.

Solo en dos ocasiones pudieron poner en peligro el arco de Tigres, ambas con desbordes de Orellano por la banda izquierda, pero Djuka no quiso meterla. Uno con la cabeza y otra con el pie, decidió esperar otra… que jamás llegó.

Tigres fue dueño casi de todo el encuentro. Tuvieron la pelota y manejaron el ritmo, y no hicieron tres más por fallas propias o aciertos de Cárdenas en el arco.

Con Correa como el hombre más desequilibrante, pisaron fuerte varias veces en el área.

La desventaja de Tigres es que no tiene centro delantero. Rayados le vio la cara al América y las Águilas a Tigres con esa compra.

El rijoso uruguayo hace más faltas que tiros a puerta ajena. Un señor ébano.

Bruneta fue otro de los peligrosos para la divisa amarilla y azul, con Láínez intentando por la banda derecha y Garza que llegaba por sorpresa de atrás.

Rayados, parecía el de la fecha 3 o el del torneo pasado. De pronto dudamos que Torrent se hubiese ido porque acá la sopa sabía como si fuera de ayer, o de hace cinco fechas. Nada nuevo.

Si lo de media semana fue un espejismo, en el caso de los dos equipos, acá era hora de quitarse la máscara y entrarle con todo, como amerita un Clásico. Nada de eso.

Este duelo le faltó fútbol, agallas, fuerza, coraje, orgullo. Aceves dio muestras de esa fuerza casi al final del primer tiempo. En dos entradas bravas sobre Aguiire. Y paremos de contar.

Todas las demás entradas con fiereza es normal en Tigres que es un equipo canchero, picudo, cochino que pega duro y en cuanto los rozan, se tiran a llorar.

Es la esencia de la casa; les inyecta esa naturaleza su entrenador, argentino al fin. Y el Monterrey, sigue igual que hace semanas. Es un equipo frío. Anodino, mediocrón. Sin sangre, sin respeto por el futbol y su gente.

Gorri, Angulo y Láinez, son las nenas chilletas. Cuando todo parecía que se repartirían los puntos, llegó el francés, recibió una pelota de un defensa central que ya pisaba media cancha, recibió, su marca llegó tarde, fabricó un riflazo a puerta y a festejar.

Se aprovechó que le tocó de marca un tronco al que Torrent ya tenía en la banca y ahora sus 37 entrenadores ya se dieron cuenta por qué. Tigres merecía ganar porque fue el que más buscó, porque intentó y le metió galleta al asunto.

No como los Clásicos de antes donde se veían diferentes ambos equipos porque disputaban cada pelota con pasión. Hoy son una caricatura estos muchachos, los de los dos equipos no saben de qué se trata.

Las bravuconadas de algunos jugadores no sirven de nada. Parecen viejas de vecindad.

Por cierto, el arbitraje… malísimo. Como cada semana en los estadios locales. No fallan.

Tigres sigue en la suya, dando juegos de dulce de chile y de manteca. La irregularidad es su carta de presentación y Rayados, igual o peor. Despintado, insípido… bastante gris.

El resultado contra la Lavandería El Gallo, no cuenta. El Clásico era donde tenían que amarrarse los pantalones. Y no…

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