“Tranquilízate ya, deja de presionarte, en estos momentos no eres maratonista, olvídate de lo que hiciste antes, el paso que tenías, los kilómetros que podías recorrer sin problema, los maratones que hayas corrido, esos recuerdos déjalos atrás, vas en camino a serlo, sí, pero te llevará tiempo”.
Escuchar esas palabras de mi querido entrenador, el cual lo ha sido por más de una década debo decir que me dejaron helada, y hasta tuve la sensación como si se me hubiera querido detener por un segundo el corazón, como que me está diciendo ¡que no soy maratonista!.
Pensé acaso ¿se le olvidó cuántos maratones llevo corridos entrenados por él mismo? O porque me dice algo tan duro, algo que sabe que me duele, algo que para mií es parte de mi vida de una manera muy natural, como comer, dormir, ¡respirar!.
No es alguien malvado ni mucho menos, es el mejor entrenador que cualquier corredor podría tener y esto me lo dijo después de un entrenamiento fallido, una distancia larga que tuve que cortar abruptamente porque sencillamente las piernas no me daban para una zancada más.
Por supuesto, que el sentimiento en mí fue de frustración pero también de incredulidad, porque jamás ni siquiera cuando iniciaba en este deporte me pasó algo así en alguna distancia larga, este tipo de entrenamientos siempre sentí que eran mí fuerte, no sería una corredora veloz pero si una muy resistente.
Entonces ¿qué me está pasando? Porque si he dado todo y he vuelto desde que quedó superada mi lesión haciendo cada cosa que tengo que hacer, nada más no puedo recuperar mi nivel.
El me está ayudando a entender este proceso, que vaya que está siendo mucho muy duro, haciéndome ver que por casi dos años, que fue lo que me tomó recuperarme de esa lesión que terminó con una operación, mi cuerpo perdió todo lo que años me había costado ganar.
Se siente horrible verlo así y que te lo diga alguien en quien tienes plena confianza de que está siendo totalmente franco, se siente aún peor, porque sabes que tiene razón y esas cosas son difíciles de aceptar.
En mi afán de no sentirme del todo perdida le dije: “¡Pero el cuerpo tiene memoria!” qué es lo que siempre escuchamos por ahí, y como de costumbre, sabio me respondió que la memoria está en la cabeza, que ella sabe el camino a recorrer y lo que va a sentir, y sabrá lo que tiene que hacer para llegar ahí, pero los músculos, los huesos el cuerpo en si, tenemos que prepararlo de nuevo, a él no lo engañamos, así que sigue entrenando.
Con eso francamente me dejó callada porque ¡Tiene razón! Cuanta verdad y sabiduría en sus palabras, ¿cuántas veces nos quedamos estancados y afligidos con cosas que ya pasaron, que no podemos cambiar instantáneamente?
Me quedé con eso en la cabeza y entonces seguiré entrenando, como me dijo él, constante y disciplinada, pero tranquila y sin presión, lo que hice quedó atrás y ahora sólo queda ver hacia adelante para con suerte poder formar nuevos y fabulosos recuerdos.


