25 años de Hora Cero

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Conocí a Héctor Hugo Jiménez Castillo (HJ) en el 2007 en Reynosa, Tamaulipas, cuando yo trabajaba en la Secretaría de Desarrollo Social del Gobierno del Estado en el sexenio de Eugenio Hernández Flores, me tocó acompañar a mi entonces jefe para una entrevista que HJ le haría. Irradiaba la personalidad docta de un periodista hecho en Monterrey, agresivo y documentado para hacer preguntas inteligentes y puntuales. Con cierta discreción alcancé a preguntarle el nombre de su Alma Mater, me contestó:

-En la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL.

Me hizo suspirar, pues había sido también mi escuela; y la respuesta que entonces me dio yo la interpreté que fue dada con mucha seguridad, incluso algo de soberbia, pero no una soberbia petulante, sino la que viene de la plenitud de ejercer una vocación indiscutible. HJ nunca lo supo, pero fue quien sin pretenderlo despertó y activó al periodista que siempre me había habitado, y con el profesionalismo que se manejaba y del que yo fui testigo, reactivó la semilla de mi esencia profesional y me instigó para rescatarla.

Comencé a leer sus columnas de aquellos tiempos en Hora Cero e intenté contactarlo de diversas formas. Su narrativa me recordaba mucho el estilo periodístico regiomontano, particularmente de El Norte y El Porvenir; un columnista que cuestionaba mucho al entonces presidente municipal de Reynosa, Cabeza de Vaca, me parecía admirable su crítica, no por la vanidad que pudiera conllevar el tocar los puntos débiles de los políticos, sino porque me parecía bastante documentado; me llenaba de satisfacción que un ex alumno de mi universidad hiciera un periodismo puntual y crítico.

Paso el tiempo, y después de tanto leerlo, en una ocasión me aventuré a pedirle que me diera un espacio editorial en su tabloide que yo tomaba en la tienda de conveniencia en la esquina de mi casa. Y habiendo tenido varias platicas, pruebas de semántica, sintaxis y de estar yo impetrando que se hiciera un milagro, finalmente me dio la oportunidad y el 15 de diciembre de 2015 se publicó mi primera columna en Tamaulipas. Esta acción fue el detonante o desfibrilador existencial que reanimó la vocación dormida que no es materia de la presente columna.

Pues bien, hoy entiendo que Heriberto Deandar Robinson y Héctor Hugo Jiménez Castillo forman parte de la historia de Reynosa y del extraordinario júbilo de Hora Cero. Que iniciaron este proyecto en 1998 con la alegría de la esperanza. Este par de soñadores que pertenecen a esa especie, mucho más rara, de quienes saben transformar, gracias a la voluntad, los sueños en realidades, proyectando un plan extremadamente temerario, un periódico tabloide, gratuito y mensual, hasta entonces inusual en Reynosa.

Tengo entendido que como todas las ideas innovadoras hubo muchas trabas que detenían el proyecto, pero su apasionada voluntad se impuso a todas las dudas y consideraciones que se le planteaban, pues tanto al impaciente de Héctor Hugo, como a Heriberto Deándar, no podían esperar tanto para hacer realidad este audacísimo proyecto que marcaba una disrupción para lo que se estilaba en su tiempo de nacencia. Pero el genio periodístico está caracterizado por aquel que desdeña todas las reglas conocidas, sustituyéndolas en un momento dado por la creadora innovación y tras múltiples giros de fortuna en el inicio, llegó el momento culminante de una acción.

Querido y dilecto lector, poco antes del año 2000 en Hora Cero se manifestó el gran genio y la preclara inteligencia de Heriberto y Hugo. Nadie barruntaba lo que sucedería con este proyecto. Se acordó la fecha para el gran inicio decisivo y el 15 de marzo de 1998 nació este tabloide que trajo su toque muy particular de con su estilo de hacer periodismo. Hoy es una empresa bastante seria con trabajo de encuestas muy reconocidas.

El miércoles pasado tuve la grata oportunidad de estar en la celebración de sus 25 años en la ciudad de Reynosa, hasta donde llegó desde Roma, la periodista Valentina Alazraki, corresponsal desde 1974 en el Vaticano, para dar empaque y lustre a tan fascinante celebración. Vienen otros tiempos con nuevos retos y seguro que tanto Heriberto como Hugo tendrán el talento y la experiencia acumulada para seguir impresionándonos con su periodismo, incorporando a las nuevas generaciones para seguir dando vida y prestigio a esta región. Muchas Felicidades.

El Tiempo Hablará.

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