El texto se reprodujo en diversos muros, entre ellos los de algunos amigos y conocidos. No es único en su tipo, pero sí me llamó la atención porque demuestra que meses y meses de guerra sucia contra López no sólo deformaron la capacidad de razonamiento de muchos, además no han sido capaces de crear nuevas estrategias. Siguen siendo igual de agresivas y poco sensatas.
Sí, le rasqué al texto, y es bastante fétido. Empieza con una afirmación contundente que niega que México haya comprado vacunas contra el Covid-19. ¿De veras? Porque hasta donde sé ningún laboratorio en el mundo está regalando vacunas a México.
Al contrario, hay países que reclaman a los laboratorios por lucrar con la pandemia. México tuvo que negociar y pagar por ellas. México es uno de los primeros países en amarrar tratos con laboratorios para la adquisición de vacunas e incluso participa, junto con Argentina, en la maquila y distribución. Y no, estas no son vacunas rusas. Por cierto, dudo que Putin esté matando a los rusos con sus vacunas rusas.
No se les ocurre pensar que el Presidente es el menos interesado en fingir no sólo el Covid sino hasta una simple indigestión, cuando hasta un estornudo presidencial afecta los indicadores económicos del país, y eso sucede en cualquier país.
Eso es lo que le da impacto entre los eventuales lectores que, o bien odian a don Andrés y les importa un carajo cómo gobierne él o cómo gobernaron antes que él; o no lo odian, pero por lo menos sí son ingenuos o ignorantes.
¿Es tan difícil entender el sentido de aquella declaración? También está la negativa a usar cubrebocas. Sin embargo, el uso de cubrebocas fue precisado correctamente en su momento en función del avance de la epidemia.
Yo mismo seguí esas indicaciones y las he ido modificando en consecuencia u obediencia. Ahora las condiciones son distintas. Todos están obsesionados por el cubrebocas y se olvidan de ¡los ojos y las manos! En Nuevo León se exigió antes usar cubrebocas, y los resultados… ahí están.
¡Y el colmo! Reclama el “autor” que el presidente dé la cara. O sea, ¿más? Si de tanto verlo en las “mañaneras” ya hasta lo eructamos. Nunca fue tan fácil hacer preguntas directas cara a cara a un mandatario mexicano.
A mí en lo personal no me importa ni me afecta que se critique al Presidente, al contrario, es necesario hacerlo desde cualquier tribuna. Me preocupa que se critique partiendo de información falsa o sesgada. Me preocupa que se quiera imponer la animadversión personal como premisa para ejercer un análisis.
Me preocupa que ahora que millones ya disponen de plataformas para expresarse y ejercer su derecho a asentir y disentir, con estas campañas perversas se esté atrofiando deliberadamente la aún incipiente capacidad crítica de los ciudadanos.
Por ejemplo ¿por qué no se critica con la misma virulencia el Tren Maya? ¿Será porque esa obra tal vez sí les convenga a los empresarios que ahora apadrinan la “disidencia” contra López?
Pero son muy pocos entre tanta gente enloquecida por un odio irracional. Lo entiendo. No es fácil acostumbrarse a la novedad de tener libertad para expresarse. Los viejos sólo oyeron hablar de ese derecho.
Ahora hay todavía muy pocos que saben qué es, cómo se usa y para qué sirve.


