Hace un año se celebraron las votaciones que dieron como ganador al actual Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Hace un año, ganó el sistema democrático mexicano y las instituciones que de él se desprenden. Ganó también la ciudadanía, pues jamás en la historia ésta había salido a votar con tanta vehemencia.
Ganó, además, de manera rotunda el no al anquilosado sistema partidista priísta y a la incapacidad panista de atender las exigencias del pueblo que durante dos ocasiones confió ellos. Ganaron muchos, pero no todos, así es la democracia moderna.
A un año del triunfo de MORENA aún queda mucho optimismo y mucho por esperar. A un año del triunfo de AMLO hay muchas esperanzas y mucho trabajo por hacer. A un año podemos decir que se ha hecho poco de lo mucho prometido, pero también se ha hecho mucho de lo que nada se habló.
Como gran resultado podemos mencionar que la lucha contra la corrupción (al menos eso es lo que se ve, se palpa y se comenta) es real. Otro gran resultado es la puesta en marcha del gobierno austero. Otro buen resultado es el aumento al salario mínimo pendiente por tantos años y, finalmente, la creación de la Guardia Nacional.
Como grandes omisiones, pues de ellas hay que hablar también, debemos mencionar la nula estrategia en turismo, los pésimos resultados en seguridad y la incipiente inversión pública y privada en infraestructura (que genera mucho movimiento económico).
Las grandes dudas están en la reforma educativa, las explicaciones sobre el Aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya, así como la justificación a la inversión en la Refinería de Tres Bocas. Una más, el control real del llamado “huachicoleo”, pues ya dejó de estar en primera plana.
Hay, como en todo, claroscuros, blancos y negros…. pero también demasiados grises. Llamar “fifís” a unos o segmentar la población aún es una cuenta que no queda resulta y que es necesaria
aclarar. Lo mismo con la política migratoria y la poco clara relación con Estados Unidos ante la amenaza de Trump por subir aranceles y la ratificación del nuevo tratado comercial T-MEC.
El 1o de julio aún no debe ser una fecha para celebrar, tampoco deberá aún considerarse el parteaguas o el hito que marca históricamente el surgimiento y consolidación de la 4T (cuarta transformación), pues aún hay mucho por hacer y muchas opiniones y bocas por callar.
A un año de lo sucedido aún es muy temprano para “echar las campanas a repicar” o para declarar un rotundo fracaso político económico y social.
El primer informe presidencial sí será el primer cedazo. Ahí los resultados hablarán y por más que la presidencia nos quiera maquillar o no escenarios (como ya sucedió con Fox), la realidad será la que marque la pauta. Y a partir de ahí, comenzaremos a ver “si de este cuero salen o no correas” y “cuántas”.
Esta Jirafa sigue, a un año, atenta.


