Esta es el arma ‘maldita’ de Gavrilo Princip que dio comienzo a la Primera Guerra Mundial, y con la que asesinó al heredero del Imperio Austrohúngaro, el archiduque, Francisco Fernando, y a su esposa, Sofía Chotek, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo, Bosnia. Una Browning modelo 1910 fabricada en Bélgica.
Con dos certeras balas Princip, de ideas separatistas serbias y yugoslavas, desencadenó una barbarie bélica entre dos bloques internacionales que durante cuatro años movilizaron alrededor de 70 millones de soldados, provocado la muerte –entre civiles y militares– de al menos 16 millones de personas (siendo en aquel entonces el 1 por ciento de la población mundial).
El conflicto armado terminó cuando Alemania (la cual había invadido Bélgica, Luxemburgo y Francia) aceptó las condiciones del armisticio el 11 de noviembre de noviembre de 1918 y después de que más de medio Europa terminara devastada y desangrada por esa carnicería.
Y vaya que es una fecha para meditar y analizar qué tanto hemos madurado en nuestra forma de pensar, porque son cien años de distancia que no parecieran ser tan lejanos.
Esos acontecimientos ocurrieron en la época de nuestros abuelos y se siguen replicando en sus diferentes manifestaciones y escalas hasta nuestros días, reflejando la pobreza del corazón de los seres humanos, muchos de los cuales, comprobado está, que (luego de codiciar la propiedad ajena) se convierten en peores criaturas que los animales carroñeros: intolerantes, que quieren imponerse a través de la violencia, del odio racial y los despojos.
Lamento que en esas beligerancias al proteger los intereses de unos cuantos sean muchos los que mueran. Y, en su gran mayoría, las naciones no pacíficas manden sin causa justa a los soldados como borregos al matadero, como a los ejércitos que necesiten defenderse.
Princip fue la gota que derramó el vaso, pero detrás de él hubo bestias egoístas y engreídas con malos sentimientos como las existen hoy en día y la realidad es que con la pólvora que desde entonces ha sido ya propagada NADIE garantiza que no vuelvan a arrastrar al mundo a una nueva desavenencia. La única diferencia es que hoy el aniquilamiento del ser humano sería mucho peor. Creo que a final de cuentas no hemos progresado tanto como para evitarlo…


