El Instituto Nacional de Estadística (Inegi) según este organismo durante el 2012 se registraron 26 mil 037 asesinatos, mientras que en el 2011 fueron 27 mil 213.
O sea, hubo mil 176 asesinatos menos. Nada de qué sentirse orgulloso, porque el número de muertos sigue siendo equiparable a una guerra civil.
La cantidad de personas muertas a consecuencia de la lucha contra el crimen organizados será, sin lugar a dudas una de las peores experiencias que hemos tenido los mexicanos en época reciente.
Y aunque el Inegi señala que de acuerdo a sus números la situación empieza a declinar con respecto a los crímenes, habrá que esperar cómo estará el presente año, porque el hecho de que no se lleve una contabilidad pública y certera de los asesinatos que siguen ocurriendo, esto no quiere decir que la situación se haya superado.
Recientemente leí una información de Colombia donde se asentaba que en ese país sudamericano habían asesinado más de 200 mil personas, dentro del conflicto armado de la guerrilla y narcotraficantes.
Pero esa cifra data desde los años 50 a la fecha.
Nada qué ver con México, donde en menos de un sexenio han muerto más de 50 mil personas, a las que han que sumarle los desaparecidos.
La proporción entre lo que ha sucedido en Colombia con respecto a nuestro país es abismal.
Imaginemos que vemos a los 26 mil muertos contabilizados el año pasado.
Ver esos 26 mil cadáveres ocupando una superficie enorme. Cuerpos que alguna vez fueron personas.
De todas las edades, niños, jóvenes, ancianos, señoras, hombres, mujeres.
Imaginemos por un instante esa imagen que correspondería a un solo año de muertos en esta guerra infernal.
Eso es algo que no puede, ni debe pasarse por alto.
Esas personas, delincuentes o no, tienen una historia, una familia. Fueron seres humanos que tuvieron ilusiones, que fueron niños, bebés y que ahora solo forman parte de una cifra escalofriante.
Si como dicen las religiones hay un alma que acompaña a los cuerpos hasta el momento de morir, me pregunto, dónde estarán todas esas almas.
Qué nos depara el futuro cercano con tantas personas heridas por esta guerra sin cuartel.
Algún precio se tendrá que pagar, esto no será de borrón y cuenta nueva.
Qué le depara a Tamaulipas como sociedad después de lo acontecido, cuánto tiempo llevará restañar las heridas.
A quién se puede culpar por tanta sangre derramada. Quiénes han sido omisos en este fenómeno sin parangón desde la Guerra Cristera y la Revolución.
Los resultados de la investigación del Inegi muestran que ahora es el Estado de México el que tiene el mayor número de homicidios.
Al gobierno federal se le acerca el fuego a los aparejos, dirían los rancheros, porque ya no está el problema en el norte del país, o en Michoacán, Tamaulipas, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila.
En el distrito Federal y en el Estado de México comienza la leva de personas relacionadas o no con el crimen organizado.
Si las cosas continúan de manera ascendente, no habrá ningún pacto entre el gobierno y los medios que frene que éstos divulguen lo que está sucediendo.
Ahí no habrá la sujeción que hoy tienen los medios de los estados afectados por la violencia.
En tanto aguardemos el conteo del 2013, a ver cómo le salen las cuentas al Inegi.
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