Cuando la fantasía y realidad se enfrentan

Últimas Noticias

Entre las diversas tareas que he emprendido para comer hubo una que me llevó a recorrer buena parte del país, en una gira en la que estaba contemplado sólo un día de estancia en cada ciudad visitada.

Esa dinámica provocó que en algunas madrugadas me preguntara dónde estaba, pues en ciertos momentos confundía mi ubicación y mi mente parecía hacer cortocircuito.

Cito este vano recuerdo con la intención de explicar mi sentir actual, impactado por mi continua exposición a las noticias y declaraciones de los “políticos” encuadrados en todas las franquicias del espectro nacional, también denominadas “partidos”.

Tal exposición me obliga a confesar que muchas veces soy incapaz de distinguir entre mi realidad y la definida por quienes viven del erario.

Pero, ¿cómo no voy a estar así cuando se me dice que estoy seguro y salgo a la vía pública viendo constantemente a mi alrededor para cuidarme solo?

¿Cómo no voy a estar confundido, cuando sigo escuchando propuestas para agilizar trámites “por debajo del agua”, al igual que testimonios como los de un empresario dedicado al comercio exterior, quien termina por destruir mi ilusión acerca del fin de la corrupción, cuando sin sonrojarse me dice que sólo han cambiado los destinatarios de sus “agradecimientos”?

¿Y cómo no voy a perder la noción de la realidad, cuando todos los días atestiguo ataques y deseos de unos para que los otros fracasen, al igual que la disputa para agrupar a los “malos” en un bando, mientras otro se adjudica el monopolio de lo bueno e infalible?

Si opto por responder esas interrogantes de acuerdo con el discurso oficial, debo admitir que tengo delirio de persecución, que perdí privilegios y prebendas que ignoré tener, y que estoy del lado equivocado de la historia, cuyo verdadero flanco lo determina únicamente quien ejerce el poder, no el debate protagonizado por la razón de muchos.

Aunque si pretendiera justificar mi confusión, concluiría que la mayor y más grave consecuencia de una mentira surge cuando provoca como respuesta otra mentira, pues la verdad termina por ser desplazada y sustituida por un universo todo falso.

Vivir en un mundo de mentiras es como volar en medio de una nube o bucear en aguas turbias, donde se pierde la noción de lo que está arriba o abajo.

Trato de entender lo anterior y sobrevivo a una semana más de mundos en contradicción continua, donde corren paralelas, condenadas a no encontrarse nunca, las agendas de quienes definen la felicidad como el arribo de la quincena o la venta de zapatos en abonos, y la de aquellos que extorsionan a los primeros con la promesa de la esperanza, imposible de sobrevivir sumergida en la ignorancia y el engaño.

Echo entonces hacia atrás mi memoria para verme nuevamente solo en la sala de juntas del comité de campaña de uno de los candidatos a una gubernatura más preparados que he conocido, pero que en este primer intento por alcanzar su objetivo enfrentaba circunstancias muy adversas para su proyecto electoral.

Conociendo el adverso escenario, consideré que era mi deber exponerle mi visión del principal problema al que nos enfrentábamos, al igual que su posible solución.

—Es urgente que cambiemos el discurso de la campaña, ya que si seguimos orientándolo únicamente a la defensa del presidente, en la grave situación económica por la que atraviesa el país, perderemos—expresé.

—Le debo a Zedillo mi candidatura—respondió en tono de defensa.

—No se trata de romper con él, sino de que lo platiquen y entienda que se trata de una estrategia que busca un resultado conveniente también para su gobierno—abundé.

Era evidente en su rostro el rechazo a la propuesta, pero insistí:

—Mucha gente ya no puede pagar ni tarjetas bancarias ni créditos hipotecarios…

—No, Manuel, las cosas están bien, lo que pasa es que a los mexicanos les gusta quejarse y presionar para obtener más—dijo verdaderamente seguro de sí.

Ese día dejé el comité de campaña convencido de que él no mentía, sino que, simplemente, desconocía la realidad de quienes vivían fuera del presupuesto gubernamental.

Si la vida es la fantasía de un suspiro que se resiste al regreso a la nada y mi existencia es la fantasía que transforma una comedia en un drama, pienso: ¿por qué debería de interrumpir esta cadena de ilusiones?

¿Pienso?

[email protected]

- Anuncio -

Columnas

Vuelta a la derecha

¡Arde Nuevo León!

La banca no es eterna

- Anuncio -