Tres anécdotas respecto a las ventas y de las dos saco de conclusión que el bolsillo de quien critica no tenía el mismo efectivo que el mío.
Me sucedió la primera vez en la sala de redacción de un periódico local en el que trabajé hace años.
Un compañero de trabajo me vio en mi tiempo libre fabricando piezas de bisutería para vender y me dijo que sino me daba vergüenza en un tono despectivo y burlón.
Le contesté que me enseñara su cartera para ver cuál tenía más dinero, si la mía o la de él.
Claro que él vivía con su mamá, estaba pagando un carro a crédito y ganaba más o menos lo mismo que yo, entonces pues era de esperarse que no me mostró nada.
Yo saqué la mía y se la enseñé y le dije mira: la mía por eso trae dinero.
Yo vivía en un departamento en el centro de Monterrey, a un lado del Paseo Santa Lucía, donde pagábamos entre tres personas un total de renta de cuatro mil 500 pesos, pero yo solo tenía la mitad de la habitación por mil 125 pesos mensuales.
Era mi segundo trabajo de profesional, no ganaba mucho, pagaba mis propios alimentos, además de transportación, servicios y vestimenta.
Era mucha carga para mi, pero estaba dispuesta a pagar el precio de exigirme el doble y lo hacía: trabajaba dos veces, una de reportera y otra de emprendedora de joyería de fantasía que yo fabricaba, vendía y cobraba.
Después me paso con la mamá de un ex novio que me dijo que de periodista nunca iba a salir de pobre, creo que ella esperaba una novia para su hijo del mismo nivel social al que había llegado, olvidando su origen: la colonia Independencia.
En otra ocasión una persona elitista, que se supone que debía saber que los que tienen dinero son gente de negocios, me llamó mamá luchona, en tono de discriminación por ser una mujer emprendedora, y eso vino de una persona de lo medios, donde se supone que son empaticos, terminan siendo prejuiciosos.
En la sociedad de doble moral está bien visto que la gente muestre propiedades, joyas, ropa o cualquier lujo que denote alto poder adquisitivo, sin importar su procedencia.
Por eso es que los jóvenes caen en la venta de drogas o en la prostitución, que hoy en día ninguno de los dos es ya exclusivo de un género o preferencia sexual, ya que ese es el camino corto para para darle gusto a los demás.
El camino largo siempre será más reconfortante para quienes quieren llevar con dignidad su vida, sin remordimientos, sin culpas y pagando el precio: trabajo inteligente, dedicación, constancia, perseverancia y enfoque.


