“Vamos a transformar a México sin politiquerías”, -afirmó el presidente- pidiendo unidad y alertando a los ciudadanos a no dejarse manipular “por personaje sin ideales ni principios.” Pero veamos cuál es la diferencia entre política y politiquería. Según Aristóteles, la política es la coordinación de muchas acciones y, por ello, en esta última hay que tener en cuenta la voluntad de los demás. La política gira en torno a las leyes e instituciones creadas para elaborarlas y administrarlas. En pocas palabras es toda acción que tiene por objeto atender y resolver los problemas del país buscando el bien común.
La verdadera política requiere (entre muchas otras cosas) de un concepto claro y bien definido de nación. Podemos estar en desacuerdo en los detalles, pero todos estamos de acuerdo en la clase de país que queremos tener.
La politiquería por su parte es un ejercicio mezquino, es “política chafa”, cuyo objetivo es únicamente implementar una lucha de poder para satisfacer los intereses personales, mantener los privilegios individuales en función del beneficio propio y no para el bien colectivo. Se trata de generar conflicto, de “revolver el río”, de obstaculizar, desinformar, de crear confusión, provocar inestabilidad, desgaste y desprestigio; sin importar en lo más mínimo el “costo-beneficio, ni las consecuencias negativas que eso tenga en el desarrollo del país y en la consolidación del bien común.
La politiquería es hipócrita porque, además de ser manipulativa, suele esconder sus propios fines egoístas detrás de una máscara de sincero interés por la comunidad. Primero siembra discordia y luego cosecha triunfos electorales, en un juego de “quítate tú, para ponerme yo” y mientras tanto, el país no avanza, no crece, no se fortalece y solo trata de sobrevivir al desgaste.
Como los verdaderos políticos escasean o brillan por su ausencia en nuestro amado país, la politiquería es una práctica común. Por ejemplo: para los que están en el poder, todo lo que hacen sus oponentes es calificado “politiquería”. Y tengo que decir que el mismo presidente en turno ha recurrido a la politiquería en reiteradas ocasiones a lo largo de su trayectoria, antes y después de haber llegado a la presidencia.
Pero vale que ahora nos convoque a transformar a México valiéndonos de recursos más nobles, y no de esa politiquería de la que todos, salvo raras excepciones –a los que incluso les costó la vida, la libertad o el patrimonio querer hacer política valiente y auténtica- echaron mano para conseguir sus posiciones.
Así que vamos a empezar por el principio: Si el presidente no quiere politiquería necesita urgente e indispensablemente transformar su curso y su discurso. México está harto de politiquerías dicharacheras y ávido de políticas y acciones serias, México está cansado incongruencias, inconsistencias, ambigüedades, ocurrencias, improvisaciones, promesas incumplidas y discursos por las ramas…Porque, ha de saber el señor Presidente, que todo lo anterior, también es politiquería.


