Di por qué, dime abuelita

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Algunas personas me han preguntado cuál es la razón por la que decidí hacer dos postgrados en el tema de vejez, si mi primera licenciatura (carrera profesional) y trayectoria la hice en Comunicación. Muchos no ven la relación entre un área y la otra. Pero a esto me dedico ahora, no como psicóloga (no lo soy) sino como comunicóloga.

Bien, pues tengo dos motivos que explican mi decisión: el primero es que, al observar el envejecimiento de mis padres, me di cuenta de que, aunque el envejecimiento tiene algunos “comunes denominadores” y algunos síndromes generales como lo son los llamados Cuatro Grandes Síndromes Geriátricos: Inestabilidad (caídas), incontinencia, Inmovilidad e Incapacidad cognitiva; es claro que no todas las personas envejecemos de igual manera, ni al mismo rítmo. El peso de la edad es tanto físico como mental.

Muchas de esas diferencias radican en la forma (y calidad de vida) por la que transitamos por las etapas anteriores del desarrollo (según Erick Erickson). De hecho, hay personas que envejecen más rápido físicamente que psicológicamente y viceversa. Es decir: el envejecimiento físico y el envejecimiento psicológico no son iguales en términos generales.

Otro motivo que me llevó a estudiar los postgrados en “Vejez Saludable” y en “Psicogeriatría y Psicogerontología”, es que en la actualidad y debido a los vertiginosos avances tecnológicos, la llamada “brecha genercional” es cada vez más grande, más profunda y nulificante, lo que deja practicamente fuera de circulación a las personas de edad avanzada, paradójicamente cuando la expectativa de vida ahora es mucho mayor que la de hace décadas. Ahora, a la llamada Tercera Edad, se le ha agregdo otra etapa denominada Cuarta Edad.

Una persona “longeva” es aquella que vive más años de los que marca la expectativa de vida. Por ejemplo, si la expectativa de vida en México segun datos actuales de la CONAPO, es de 75.6 años en promedio para hombres y mujeres, las personas que viven más de 75 o 76 ños, son consideradas longevas.

Sin embargo, los avances de la ciencia, han logrado extender por mucho esa cantidad de años, haciendo que la tercera y la cuarta edad, sean ahora la etapa más larga del desarrollo humano; ya que la primera infancia (de los 0 a los 5 años), la niñez (de los 6 años a los 12) , la adolescencia ( de los 13 a los 18 años), la etapa adulta jóven de los 18 a los 35 años) y la etapa de adulto maduro (de los 36 a los 59) duran los mismos años de siempre pero, la etapa de adultto mayor que, En México, se considera adulto mayor a una persona de 60 años o más, según lo establece la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores, es una etapa que puede durar hasta hasta 30 o 35 años (¡O más!).

Tambien se suele dividir (no por etapas biopsicosociales) sino por bloques de 30 años cada uno: de los 0 a 30 años: Juventud; de los 31 a 60 años: Madurez; y de los 61 a los 90+: Senectud. Aun asi, ahora, el bloque de la senectud sigue siendo más largo.

Cuando la brecha generacional es tan marcada, genera exclusión, aislamiento, discriminación, incomprensión, desconsideración y marginación, entre otras cosas; haciendo cada vez más complicado el proceso de envejecimiento y generando al mismo tiempo, un problema social muy importante.

Asi fue que llegué a la idea de que la comunicación es un excelente instrumento para “tender puentes” que permitan salvar esa enorme brecha y, hasta donde sea posible, coadyuvar a una mejor y más justa integración de las personas adultas mayores, buscando como resultado mejores políticas publicas, mejores dinámicas familiares, mayor sensibilidad social, mejor calidad de vida para los envejecentes, más y mejor información para la toma de decisiones, etc. Es decir: mas integración, respeto, consideración, pertenencia, comprensión y justicia verdadera para las personas adultas mayores, mismas que, en el contexto actual de lo que se conoce como “envejecimiento poblacional” sucede y seguirá sucediendo que cada vez la cantidad de personas adultas mayores se irá incrementando.

Por eso -y por experiencia propia- creo firmemente que la comunicación bien documentada y bien orientada en temas gerontológicos puede servir de mucho para reducir la distancia que, en nuestros tiempos, resulta de una brecha generacional que, de otro modo, pareciera insondable. Para tender puentes de entendimiento…para eso es la Comunicación.

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