Donald Trump visto desde Tamaulipas

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Escuché y observé el discurso del presidente de los EU, Donald Trump con la curiosidad cosquilleante, gozosa, casi viciosa del psicólogo, antropólogo y sociólogo que me habitan, tratando de entender hasta los últimos pliegues de los acontecimientos.

El señor es un ser de espectáculo, puntualmente un consumado hombre de televisión, se desempeña excepcionalmente en todas las formas de comunicación, verbal, corporal y de silencios por las posturas que toma cuando calla, no descuida nada pero, hay que decirlo, utiliza la mentira como elemento inherente de su discurso, sabiendo con un grado de perversidad psicológica que su base electoral no le cuestionará absolutamente nada.

Su llegada al Capitolio, el martes 4 de marzo pasado, le pareció el más maravilloso de todos sus juegos de poder, incomparable en emoción al ver llegar a su desenlace la gran pantomima de la fuerza que hoy en día indiscutiblemente tiene. Para este intrigante apasionado constituyó ésto el goce de los goces.

Este evento en el cual solo saludó a sus amigos y también aquellos que comprenden que es útil pasar pronto por tales. Solo a los de su lado derecho, pues de lado izquierdo estaban los insoportables demócratas que eran la crónica de unos aguafiestas anunciados, ni los saluda, ni lo saludan, nula vocación republicana por los dos lados.

Justo hay un momento en que el demócrata Al Green lo interpela y es seguido por el vocerío de sus compañeros de partido cuando Trump hace una pausa en su discurso observándolos con su típica mirada despreciativa, sus aliados republicanos, que ebrios de poder todo le aplaudían, habían hecho una pausa en sus aplausos de fanáticos, cuando el mismo Trump hace una micro expresión con sus ojos dirigida a sus incondicionales y con una coordinación inmejorable comienzan el ruido propagandístico del que se sabe fuerte en su mayoría, todos gritando “USA” para acallar los ruidos que, como un cadillo, incomodaban su fiesta. Así fue expulsado el congresista demócrata Al Green por interrumpir el discurso de Trump en la Cámara de Representantes.

Se entiende que Donald Trump acostumbrado durante años enteros a mandar, ha olvidado el arte de solicitar y eso lo padecerán quienes tengan que estar cerca de él como presidente. Él solo decidió estatuir nuevas reglas para la regulación del comercio exterior que afectaran no solo a sus socios comerciales sino a sus mismos electores.

En su discurso, que más bien fue una oda a sí mismo, quiere que el mundo concluya que, nunca nos parecerá la figura de Trump más grandiosa, creadora y humana que en estos primeros días de su segundo mandato. Su ego sufrió una hipertrofia tras haber ganado la elección con el voto popular y el electoral. Tiene la firme convicción de que es un hombre poderoso, al planeta entero le tocará padecer esta situación mientras dure.

Su base electoral, para quienes no hay hechos más altos que los ataques a Zelensky en la sala oval, ni más evidentes resultados que los aranceles a los “países malvados” le aplauden sin límite como figuras ideológicamente domesticadas, acción de la cual los mexicanos tenemos reciente experiencia, la fuerza por encima de la razón. Somos así porque queremos y podemos, cualquier parecido con nuestra realidad es culpa de la realidad.

El destino lo ha puesto a estructurar su país desordenado por las fuerzas del mal que hoy son asignadas por decreto al partido demócrata, acción eminentemente goebbeliana, poniendo ante sus seguidores a un enemigo común para estarlo recordando constantemente. Su país desgarrado por Biden y sus secuaces dentro de un Estado con fuerza vital, en el que los asignados desvalorizados son sustituidos por verdaderos valores; en los que el nuevo Código trumpiano da forma, severa y humana al mismo tiempo, al derecho y a las costumbres, a los que este alto genio político impone su acción saludable en todos los terrenos de la administración del Estado y apacigua al ahora nefasto Woke.

Los débiles pueden estar tranquilos: están con el fuerte…, y únicamente tienen que temer a los que provocan disturbios e introducen la confusión en la opinión pública, asignado a un enemigo por decreto, eso es a Biden y sus demócratas.

Querido y dilecto lector, en medio de la abundancia de acontecimientos que Donald Trump tan activamente propicia, debemos observarlo con una aquilina mirada psicológica para reconocer hasta en lo insignificante lo esencial, en el “petit détail” el golpe que le impulsa para advertir por donde viene el siguiente golpe y hasta dónde quiere llegar. Hoy más que nunca la ficción política puede hacerse realidad, creo que para algunos políticos mexicanos es tiempo de poner sus barbas a remojar, que si Claudia Sheinbaum tiene que ofrendar miembros de esta clase, cada quien sabe sus pecados y que tan cerca esta del centro del poder.

Dice un aforismo de Joseph Fouché: Más vale estar lejos y saber que estas cerca que estar cerca y saber que estas lejos.

El tiempo hablará.

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