En la otra esquina, el ciudadano presidente López, se lanza desde la tercera cuerda y rechaza la censura invocando a los tribunales. La decisión de don Lorenzo “Arbitrio” Córdova está viciada desde su origen y además es chipotuda.
Si cualquier declaración emitida urbi et orbi por don Andrés “Estentóreo” López puede considerarse propaganda política, entonces significa que él mismo es una especie de avatar del partido que lo puso en el poder, por lo tanto, desde otro extremo el multilátero político, cualquier declaración hecha en su contra por cualquier candidato, por cualquier partido, también es propaganda política.
Si bien en este caso no es censurable por su distancia relativa, muy relativa con la función pública, sí debería inscribirse como propaganda política en los tiempos y espacios oficiales regulados por la ley en los medios de comunicación.
Si los ciudadanos en general no fuimos invitados a la selección de esos candidatos, ¿por qué tuvimos que estar expuestos a esa publicidad? En toda forma eso debería ser considerado como promoción anticipada de campaña, que sí está legislada. Además, es muy cínico el truco, porque la “elección” interna de candidatos fue una reverenda farsa.
Todos estaban más que cantados y hacen que los míticos “dedazos” y “tapados” priistas de antaño se vean como ejemplos impecables de democracia. Y mejor ni hablar de la elección interna panista en Nuevo León, realizada en medio de un casi toque de queda.
Escuchar la publicidad de los partidos es ser testigo de una guerra donde se dan por sentadas afirmaciones sin argumentos o con argumentos retorcidos e incompletos. Es oír cómo se esfuerzan por decir las cosas peores del otro. Esto podrá ser efectivo, pero es peligroso, porque al criticar de esa manera al oponente, se pretende también a desacreditar a su partido.
El mensaje es claro: “No votes por él porque es de lo peor, vota por mí que soy menos peor”. No se ofrece un proyecto, se descarta a los contrincantes, un voto por eliminación no por selección.
Eso es intentar pulverizar a los partidos o lo que es lo mismo, aplastar a la democracia. Y eso ya lo hemos visto en México. Insisto, para mí al menos, la guerra sucia ya desatada no demuestra otra cosa que falta de proyecto.
Sólo volteemos hacia Estados Unidos y las consecuencias de llevar al poder a un sujeto que hizo campaña y gobernó insultando y desacreditando a sus oponentes. Veámonos en ese espejo, aunque ya esté irremediablemente roto.


