Ángel Eladio Aguirre, a punto de dejar de ser gobernador del Estado de Guerrero, está terco en promover políticamente a su hijo. No se da cuenta o no se quiere enterar del problemón por el que atraviesa a raíz de la matanza en Iguala y la desaparición de varios normalistas.
No sabe que está más solo que un velador en un cementerio. No advierte que las denuncias lo tienen contra la pared. Aun así, está empecinado en la carrera política de su hijo. Está en su derecho de hacer lo que le dé la gana, pero muchos lo ven muy cerca de la destitución como gobernador guerrerense y hasta con pie y medio en la cárcel.
Todo porque la familia Pineda-Villa, ligada al narcotráfico en la región y promotora de un grupo criminal, está “soltando la sopa”. Doña Leonor asegura que su esposo Salomón financió la campaña política de Ángel Eladio.
Y sólo así se entiende que este arribista del PRD haya protegido al alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez, esposo nada menos que de María de los Ángeles Pineda Villa, hoy prófugos de la justicia tras haber solicitado licencia como edil por la evidente colusión de sus policías con el narco.
Por eso hay voces que siguen justificando al ex presidente de México Felipe Calderón Hinojosa al haber recurrido al Ejército y a la Marina en el combate a este flagelo del país desde hace décadas. No le quedaba de otra al michoacano, habida cuenta que los delincuentes y los policías eran de los mismos, en infinidad de casos.
¿A dónde llevar una denuncia sin ser delatado? ¿Con quién quejarse de un secuestro o extorsión si los que recibían la queja la pasaban de inmediato a los líderes de los cárteles de la droga? ¿En quién confiar si las autoridades se hacían de la vista gorda ante semejante contubernio por la voracidad del dinero a manos llenas que deja este ilícito negocio?
Lo peor es que así estaba podrido el ambiente de la justicia en todo el territorio nacional, con ministerios públicos cooptados y jueces vendidos. Así operaban muchos cuerpos policiacos en connivencia con los “malitos”.
Digamos, más bien, que así siguen operando en muchas partes, sin que Tamaulipas se salve de esa plaga, como en Ciudad Miguel Alemán.
Así es que lo que le que se afirma con prueba sobre Ángel Eladio en Guerrero es una muestra de lo peligroso que es para el ciudadano común tener esa clase de gobernantes. Y aun así sigue promoviendo a su hijo. Y aun así se alió con los Pineda. Y aun así se aferra al poder al que llegó por conmiseración del PRD cuando el PRI se inclinó por otro bandido de marca, Manuel Añorve, quien dejó en bancarrota a Acapulco cuando fue alcalde.
El PRD sabía que Ángel Eladio no traía puesta la camiseta del sol azteca.
Sabía que era un aventurero que utilizó sus siglas para alcanzar la gubernatura. Y simuló que por ser del PRD protegía al alcalde de Iguala.
Así las cosas, ahí están las consecuencias. Por eso ahora no le queda más rumiar la soledad en que lo han dejado, al renegar todo mundo de él.
Empezando por los ciudadanos agraviados. Qué la vamos a hacer.


