Corría el mes de diciembre del 2011, el día de la Virgen de Guadalupe de ese año, los integrantes de la Confederación Patronal de la República Mexicana, Coparmex, daban un voto de confianza al aspirante presidencial Enrique Peña Nieto “pidiéndole un apoyo muy importante, primero las reformas estructurales y no esperarnos a que haya un nuevo gobierno, sino que todos los actores políticos, sociales y económicos debemos asumir el mismo compromiso y visión de país y empujar lo que necesita México”, rememora una nota publicada en el portal Animal Político.
De esa petición surgió el Pacto por México, un proyecto que no cuajó, el desplome de la economía, la violencia e inseguridad rampante y cero desarrollo durante el gobierno peñista, echó al traste lo que en su momento se ponderó apriori y erróneamente como la gran solución a todos nuestros males.
Cinco años después esa alianza que pedía y otorgaba la Coparmex con los ojos cerrados al mexiquense, que aún ni ganaba la elección, se ha roto en mil pedazos y sin posibilidades, al menos por ahora, de recuperación.
En diciembre de 2011 México había alcanzado los cuatro años pico de violencia extendida especialmente en los territorios en disputa (incluido Tamaulipas), con los grupos delictivos que el todavía presidente, el panista Felipe Calderón se había propuesto liquidar, meta que cinco años después sigue en promesa incumplida, ahora de parte del priista Peña Nieto.
El desplome del sueño económico a través de las llamadas “reformas estructurales”, que firmaron todos los representantes de todos los partidos políticos demostró que el regreso del PRI a Los Pinos no era la solución al reguero de sangre y la fosa clandestina en que convirtieron a México, ambos el PRI y el PAN.
Este lunes 9 de enero del 2016, exactamente cinco años y 21 días después de aquel cheque en blanco que le firmaron al mexiquense, la Coparmex y sus 36 mil empresas y 67 centros empresariales afiliados a esta organización acusan al gobierno peñista de haber elaborado un acuerdo hecho sobre las rodillas, “que no se realizó bajo un amplio consenso social”, después de nueve días de manifestaciones, bloqueos y saqueos ocurridos en comercios y carreteras del país como rechazo a la subida en el precio de los carburantes, la más alta en 20 años. Como escribe el académico Sergio Aguayo: “el presidente logró finalmente unir a los diversos en la protesta”.
De esta forma al Coparmex se deslinda de un nuevo pacto, sin que lleve este nombre, que pretende a posteriori resolver la crisis generada por el alto incremento a los combustibles aplicado a partir del primero de enero.
Como ya lo planteó el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman quien coincidentemente falleció este lunes: “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos hasta nuevo aviso”, principio que aplica a la realidad actual mexicana.
La gente no es tonta y recuerda aquellos pactos que firmaron las administraciones priistas antecesoras de los que hacían mofa con este chiste: “El único pacto que yo conozco es el “Pacto” Donald”, porque nadie respetaba los precios fijados a las mercancías e insumos.
Pero hoy las cosas son mucho más inciertas para el PAN y el PRI en materia electoral de frente a los comicios del 2018, el adverso clima con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la aprobación de las empresas estadounidenses y extranjeras de dejar el suelo mexicano para instalarse en el vecino país, pone en más aprietos a la desfalleciente administración peñista.
Aunado a la baja en los precios del petróleo y la decisión del director de PEMEX de aumentar los sueldos con los cambios escalafonarios desde hace un año a sus amigos y funcionarios de alto nivel de la “empresa productiva” olvidándose de incrementar los de la base trabajadora y el amago de revisar las cuentas del casi inexistente sindicato petrolero, está propiciando la irritación de los trabajadores quienes se quejan del maltrato de que son objeto por parte de los empleados de Peña Nieto que no han podido sacar adelante la reforma energética, y están condenando a la empresa al colapso con instalaciones caducas y cero productividad.
Con este panorama tan adverso en el país los efectos dominó que resentirán los dos principales partidos políticos, se abre la incertidumbre para el proceso 2018 donde desde ahora el PAN y el PRI, son los grandes perdedores.
OTRA QUE SE APUNTA
La ex gobernadora yucateca, Ovonne Ortega, perteneciente a una de las familias más apapachadas por el sistema priista sale ahora vestida de morado (quiere ser candidata independiente y tal vez ir en la boleta junto con la panista Margarita Zavala, si la rechazan en su partido), intentando convencer de que tiene sentimientos empáticos hacia la gran población del país que resiente los malos manejos de las administraciones de su partido, el tricolor.
Ella forma parte de los que acusó Peña Nieto de querer sacar raja política del caos en que está sumido el país. Otra que sale con espíritu patriotero, que no patriota.
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